Aquella noche en Candlestick Park: cuando The Beatles se bajó del escenario sin saber que era para siempre
Se cumplen seis décadas del último concierto en vivo de la banda más grande del siglo veinte, una noche sin anuncio ni despedida en un estadio a medio vaciar de San Francisco.

Voy a contarles una escena que parece de ficción pero ocurrió tal como la cuento: un estadio a medio llenar, un escenario rodeado por una jaula de alambre para que la gente no se les tirara encima, un camión blindado esperando en la puerta para sacar a los cuatro hacia el aeropuerto y, del otro lado, miles de butacas vacías que nadie recordaba haber visto vacías en una función de The Beatles. Eso fue el 29 de agosto de 1966 en el Candlestick Park de San Francisco, la noche en que John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Stafford tocaron por última vez en vivo como banda, sin anuncio, sin despedida y sin que ninguno de los cuatro supiera, en ese momento, que acababa de cerrarse para siempre la etapa de The Beatles sobre un escenario.
La gira había arrancado dos meses antes en un clima cada vez más espeso. En Japón y en Filipinas habían soportado rechazos del público local, y todavía pesaba la entrevista que Lennon le había dado al diario londinense Evening Standard unos meses antes, en la que la frase que quedó dando vueltas fue "somos más famosos que Jesucristo". Esa comparación, sacada de una conversación más larga sobre el lugar de la banda en la cultura, encendió a sectores conservadores de Estados Unidos: una iglesia de Ohio llegó a amenazar con excomulgar a los fieles que escucharan sus discos y en varios puntos del país se organizaron quemas públicas de sus grabaciones.
Un disco entero que nunca sonó en vivo
Mientras la gira avanzaba, en los estudios de Abbey Road terminaban de mezclar Revolver, el disco que iba a marcar un antes y un después en la música popular. La ironía fue inmediata y enorme: ninguna de esas canciones iba a poder reproducirse en un escenario. Temas como Eleanor Rigby o Tomorrow Never Knows dependían de capas de estudio, de overdubs y de trucos de cinta que un cuarteto en vivo no podía ni soñar con replicar, y los cuatro ya habían empezado a pensar el estudio de grabación como un espacio creativo propio, no como un simple ensayo para el show de esa noche.
- El 29 de agosto de 1966, en Candlestick Park, tocaron con una jaula de alambre alrededor del escenario y salieron del estadio en un camión blindado.
- Las entradas no se agotaron, algo que no les había pasado antes en una gira estadounidense.
- En las semanas siguientes, la banda volvió al estudio y nunca más volvió a pisar un escenario como The Beatles.
- El formato de sus conciertos seguía siendo el de un programa de variedades de los años cincuenta: actos de apertura y una seguidilla de canciones sin pausa ni puesta en escena.
Si me preguntan por qué terminó la banda, no creo que haya un solo botón que se apriete. Está la presión enorme de ser más famosos que cualquiera que hubiera pisado un escenario antes que ellos, está el desgaste de una gira que ya no los divertía, está el hecho de que las mejores canciones que estaban escribiendo solo podían existir en un estudio y está, también, la fatiga de cuatro personas que dejaron de dormir juntos en la misma habitación mucho antes de dejar de tocar juntos en el mismo escenario. Esta semana se cumplen sesenta años de esa última noche en Candlestick Park y a mí me sigue pareciendo la mejor razón para volver a poner Revolver de punta a punta y recordar la última vez que el mundo vio a The Beatles juntos, sin saber que era la última.
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