Arándanos, esa fruta chica que le hace un favor al corazón sin que nadie se lo pida
Una porción diaria alcanza para mover varios indicadores del sistema cardiovascular: presión arterial, colesterol y función de los vasos. Especialistas de Estados Unidos explican por qué el efecto está en el pigmento que les da ese color oscuro y qué pasa cuando se los congela.

A esta altura de la primavera, en la verdulería de la esquina de mi barrio ya empezaron a aparecer los primeros cajones de arándanos caros, de esos que una mira y piensa dos veces antes de comprar. Y sin embargo, cada vez que aparece un estudio nuevo sobre esta fruta, dan ganas de aflojar la billetera sin chistar. La pregunta es si en serio sirve para algo tan serio como bajar la presión arterial, o si es una de esas promesas de las revistas que después no se cumplen en la cocina de uno.
Según explican investigadoras e investigadores de nutrición y salud metabólica de Estados Unidos, los arándanos no actúan por un solo mecanismo, sino por varios a la vez. Relajan los vasos sanguíneos, ayudan a reducir el colesterol LDL y colaboran en estabilizar la glucosa en sangre. El combo resulta especialmente relevante para quienes conviven con hipertensión, con resistencia a la insulina o directamente con riesgo cardíaco elevado. Y un dato que a mí, la verdad, me cambió la cabeza: la versión congelada mantiene esas propiedades activas, así que no es indispensable estar pendiente de la temporada.
El pigmento oscuro, la estrella del asunto
El compuesto que concentra la atención se llama antocianina, y es el mismo pigmento que les da a los arándanos ese azul casi negro. Ashlee Bobrick, nutricionista dietista registrada del Ohio State University Wexner Medical Center, lo explica de un modo bastante accesible: esas moléculas estimulan en el organismo la producción de óxido nítrico, una sustancia que hace que los vasos sanguíneos se relajen y se mantengan más abiertos. Cuando las arterias no están contraídas, la sangre circula con menos resistencia y la presión tiende a bajar. Parece simple, y de hecho lo es, aunque el mecanismo interno sea bastante complejo.
A la fibra también hay que hacerle su reconocimiento. Una taza de arándanos aporta unos cuatro gramos de fibra, lo que ya es un número interesante para sumar al consumo diario. Durante la digestión, esa fibra se fermenta en el intestino y genera ácidos grasos de cadena corta que pasan al torrente sanguíneo y participan en la regulación de la presión. Bobrick agregó que esa misma fibra ayuda a mantener más estable la glucosa y a reducir el colesterol LDL, dos indicadores que miramos de cerca cada vez que hablamos de salud del corazón.
El endotelio, esa capa que casi nunca nombramos
Parveen Garg, cardiólogo de Keck Medicine de la Universidad del Sur de California, puso el foco en otro punto que a veces queda invisibilizado: la función endotelial. El endotelio es la capa de células que recubre el interior de los vasos sanguíneos y, entre otras cosas, regula su elasticidad. Cuando ese revestimiento trabaja bien, el control de la presión arterial resulta más eficiente. Estudios previos ya habían observado resultados positivos en este frente, y para personas con resistencia a la insulina o con factores de riesgo cardíaco el beneficio se amplifica, porque en esos cuadros la presión elevada suele venir acompañada de otras alteraciones metabólicas.
“En esos casos, la presión elevada suele ir acompañada de alteraciones metabólicas, por lo que un alimento con varios efectos potenciales gana valor dentro de una dieta equilibrada.”Parveen Garg, cardiólogo de Keck Medicine, Universidad del Sur de California
- Una taza diaria de arándanos frescos o congelados es suficiente para obtener los beneficios documentados.
- La versión congelada conserva las propiedades activas, lo que permite sostener el hábito todo el año.
- El consumo regular se asocia también con menor probabilidad de desarrollar enfermedades crónicas, entre ellas algunos tipos de cáncer y trastornos neurodegenerativos.
Lo que todavía falta, y la lectura cuidadosa
Ahora bien, hablando con vecinos de toda la vida, uno escucha de todo. Marta, del barrio, me decía el otro día que a ella le habían dicho que los arándanos eran una exageración, y que con una buena caminata ya estaba. No le falta razón en lo del movimiento, pero lo que muestran estos estudios es otra cosa: que un alimento concreto, accesible y barato en su versión congelada puede actuar sobre indicadores que la medicación muchas veces intenta corregir. Lo que sigue faltando, en todo caso, es más difusión. Mientras el municipio y los centros de salud sigan sin difundir este tipo de hallazgos con un lenguaje cercano, la mayoría de la gente va a seguir mirando el cajón de arándanos como si fuera un lujo. Y no lo es: es una de las inversiones más razonables que uno puede hacer en la verdulería, sobre todo cuando la presión arterial empieza a dar señales de que algo no anda.
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