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Aulas que viajan: Neuquén lleva oficios a los parajes donde no llega nada

Siete unidades móviles equipadas con todo recorren la provincia y, desde 2025, ya capacitaron a más de 460 personas en once localidades. Soldadura, tornería, gas, paneles solares y moldería, entre otros rubros, se dictan a la vera de los caminos rurales del Neuquén profundo.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 31 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura

Vayan a buscar la escuela, les decía mi vieja cuando éramos chicos y no queríamos ir. La frase tenía patas: la escuela iba siempre a un mismo lugar, con su edificio de material, su campana y su directora de apellido conocido. En el Neuquén profundo eso dejó de ser así hace rato, y la movida que cuento hoy me parece de las más lindas que vi en mucho tiempo. Siete aulas rodantes equipadas como si fueran talleres de verdad, con herramientas, máquinas y hasta bancos de trabajo, están cruzando la provincia de punta a punta para enseñar oficios a gente que, de otra manera, tendría que dejar su pueblo para aprender algo.

La idea es del Ministerio de Educación neuquino, en articulación con el Instituto Nacional de Educación Tecnológica. Las unidades no son trailers con un proyector y cuatro sillas: son estructuras montadas sobre camiones, acondicionadas para funcionar como aulas-taller. Desde 2025 a esta parte, 463 personas completaron capacitaciones en once localidades. El dato no es menor en una provincia donde la distancia entre pueblos se mide en horas de ripio y donde muchas familias ni se plantean capacitarse porque la formación profesional fija queda a cientos de kilómetros.

Qué se aprende y dónde

Lo que más me gusta, y acá me saco el sombrero, es que la oferta no se tira al voleo. Cada pueblo recibe lo que su economía demanda. En Huinganco, por ejemplo, donde el río y el lago mueven la vida, funcionan talleres de mecánica de motores fuera de borda y nafteros: pura herramienta para el vecino que vive del turismo y de la pesca. En Aluminé, en cambio, la apuesta es por las energías renovables, con cursos de instalación de paneles solares fotovoltaicos y térmicos, una tecnología que en la cordillera pega cada vez más fuerte.

  • San Patricio del Chañar: gasista domiciliario y soldadura.
  • Plaza Huincul: tornería.
  • Mariano Moreno: moldería y patronaje de indumentaria.
  • San Martín de los Andes: soldadura y formación de docentes técnicos.
  • Huinganco: mecánica de motores fuera de borda y nafteros.
  • Aluminé: instalación de sistemas solares fotovoltaicos y térmicos.

Los oficios que circulan por estas aulas no son caprichos pedagógicos: son rubros con mercado. Metalmecánica, mecánica automotriz y de motos, trabajo textil, gas domiciliario. Rubros donde, en cualquier pueblo del interior, sobra el trabajo y falta gente capacitada. Lo coordina el Centro de Formación Profesional N°43, junto con el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Humano provincial, los municipios y la Dirección de Educación Técnica. Los convenios se firman pueblo por pueblo y la oferta se va acomodando a lo que cada comunidad pide.

Hasta ahora las aulas pasaron por Lonco Mula, Villa La Angostura, Villa Pehuenia, San Martín de los Andes, Aluminé, Plaza Huincul, Chos Malal, Huinganco, Mariano Moreno, Centenario y San Patricio del Chañar. Once localidades en las que, hace cinco años, si un joven quería aprender a soldar o a instalar un termotanque, la única opción era subirse a un micro a Neuquén capital y arreglar la vida lejos de los suyos.

Lo que sigue faltando

Ahora bien, no todo es color de rosa, y acá me toca decirlo con la misma franqueza con que lo pienso. Siete unidades móviles para una provincia del tamaño de Neuquén son pocas. Doce localidades alcanzadas en dos años, con casi 500 egresados, es un número lindo para un parte de prensa, pero chiquito cuando uno mira el mapa y se acuerda de los parajes que siguen sin nada: pequeños pueblos del norte, comunidades mapuche en el sur, puestos de veranada donde la señal del celular es un milagro. La pregunta que me hago, y que le hago al Ministerio, es cuántas aulas más se piensan sumar este año, porque la demanda, créanme, no para de crecer.

Mientras tanto, una recomendación simple para quienes estén leyendo esto desde algún pueblo neuquino: averigüen en la municipalidad cuándo pasa el aula rodante por la zona. A veces uno se entera tarde, cuando la unidad ya se fue. Y para quienes viven en la ciudad, también vale la pena mirar de cerca: aprender un oficio en uno de estos cursos termina abriendo puertas que la universidad, con todo el respeto que le tengo, a veces ni imagina.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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