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Corn potage: la crema de maíz que Japón reinventó a partir de la cocina francesa y que se adapta al clima

La sopa cremosa que los nipones adoptaron del repertorio galo, la cocinaron con técnica propia y hoy forman parte del yoshoku, con una receta que rinde dos porciones y puede servirse caliente en invierno o fría en verano.

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Ximena RiverosTurismo y montaña · 14 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

El corn potage integra desde hace generaciones la familia del yoshoku, esa tradición culinaria del Japón que tomó platos de influencia francesa y europea, los reinterpretó con técnica local y los instaló en la mesa cotidiana, donde convive con el omurice, el hambagu y el katsudon como parte del repertorio doméstico.

La base de la receta son dos mazorcas de maíz fresco, cuyos granos se desprenden con cuchillo y se reservan mientras las mazorcas ya desgranadas se cocinan junto al resto de los ingredientes para aportar sabor al caldo, un paso que distingue a esta preparación de una crema de maíz convencional y que concentra el dulzor natural del cereal.

El procedimiento paso a paso

  • Rehogar media cebolla pequeña cortada en láminas finas con una cucharada de mantequilla y media de aceite de oliva y una pizca de sal hasta que quede blanda y transparente.
  • Sumar los granos reservados, las mazorcas y unos 400 mililitros de agua, llevar a hervor y cocinar a fuego suave entre 25 y 30 minutos, retirando la espuma que sube a la superficie.
  • Descartar las mazorcas, dejar atemperar la preparación y triturar con batidora de mano.
  • Pasar la mezcla por un colador fino, presionando bien para extraer todo el líquido y descartar las pieles del maíz.
  • Devolver la crema resultante a la olla, corregir la sal e incorporar leche en la cantidad necesaria hasta lograr la textura deseada.

Al servir, el plato se termina con un hilo de crema de leche, un chorrito de aceite de oliva y perejil fresco picado, y en Japón no suele presentarse como plato principal sino como entrada o acompañamiento dentro de un menú de estilo occidental, un detalle que habla del lugar que ocupa esta sopa dentro del yoshoku y de cómo la cocina francesa fue absorbida y reconfigurada por la mesa japonesa.

La versatilidad de temperatura es uno de sus rasgos más prácticos: en invierno se sirve caliente y en verano puede enfriarse y presentarse frío sin modificar la receta base, lo que la convierte en una preparación útil durante todo el año y explica buena parte de su persistencia en las cocinas niponas, donde convive con otras herencias europeas adaptadas al paladar local.

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Ximena RiverosTurismo y montaña

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