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Cuando el cansancio diurno y el insomnio esconden algo más: la apnea silenciosa en las mujeres

Ronquidos fuertes no siempre aparecen, los cuestionarios pueden no detectarla y el embarazo la agrava: por qué el consultorio sigue siendo la única manera de llegar a tiempo al diagnóstico.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 18 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

A veces arranca en el barrio, en una charla de mamás después de la escuela, cuando una cuenta que se levanta como si no hubiera dormido y otra le responde que también. No siempre es estrés, no siempre es menopausia, no siempre es "la rutina". Detrás de un cansancio que no se explica, de un dolor de cabeza que aparece con el primer café y de noches en las que el sueño se fragmenta sin razón aparente, puede esconderse una apnea obstructiva del sueño que en mujeres suele pasar inadvertida. Y eso, en la consulta, lo veo seguido.

Una enfermedad que se disfraza de otra cosa

El problema es que el cansancio durante el día, el dolor de cabeza matutino, la dificultad para empezar a dormir o sostener el sueño y los cambios de ánimo se confunden con facilidad con estrés, con la menopausia o con un insomnio de manual. Una revisión reciente sobre el trastorno estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico. Y agrega un dato todavía más inquietante: hasta un 40 por ciento no presenta las manifestaciones más conocidas, entre ellas los ronquidos intensos y el ahogo nocturno.

En criollo: que la pareja no reporte ronquidos no descarta nada. Muchas mujeres tienen apneas más leves, más cortas o que se concentran en la fase REM del sueño, justamente la del sueño más profundo y reparador. El cuerpo se sacude, se reacomoda y sigue, sin que nadie registre un despertar completo. Pero el oxígeno cae, el corazón se sobreexige y al otro día el cuerpo paga.

Por qué los estudios "normales" pueden no alcanzar

Acá aparece uno de los puntos que más discutimos con colegas y con pacientes. Los cuestionarios que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello son útiles para estimar riesgo, pero están pensados sobre todo para los perfiles clásicos, que suelen ser masculinos. En mujeres detectan menos casos. Y las pruebas domiciliarias, esas que mandan algunos prepagos y obras sociales, pueden registrar de manera incompleta ciertas alteraciones respiratorias, sobre todo las que se concentran en la fase REM.

Por eso, si el malestar persiste, un resultado inicial "sin alteraciones" no siempre alcanza para descartar apnea. El médico puede indicar un estudio nocturno en un centro especializado, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas fases del descanso. Es más molesto, sí. Pero es el que muestra lo que los otros no ven.

  • Ronquidos fuertes y ahogos nocturnos no siempre están presentes en mujeres; la apnea puede ser más silenciosa.
  • Los cuestionarios de riesgo y las pruebas domiciliarias pueden pasar por alto casos, sobre todo cuando las pausas ocurren en la fase REM.
  • El embarazo y la menopausia aumentan el riesgo; en embarazadas el abordaje debe coordinarse entre obstetricia y un especialista en sueño.
  • El diagnóstico definitivo suele requerir una polisomnografía en un centro especializado, con monitoreo de respiración, corazón y fases del sueño.

Qué pasa cuando la garganta se cierra y por qué importa

Lo que ocurre es bastante concreto: la garganta reduce o bloquea repetidamente el paso del aire, el oxígeno baja y el organismo responde con despertares breves que la mayoría de las veces ni se recuerdan. Al rato, el sueño vuelve. Pero el daño se acumula. La apnea se asocia con hipertensión, con diabetes y con enfermedades cardíacas, y esos puntos también forman parte de la evaluación. No es un tema menor: una apnea no tratada durante años termina pesando en la salud general, y en las mujeres el tiempo que se pierde hasta llegar al diagnóstico suele ser todavía más largo.

Hay dos momentos de la vida donde el riesgo se potencia: el embarazo y la menopausia. Durante el embarazo puede aparecer apnea o empeorar un cuadro previo, y el abordaje tiene que coordinarse entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño. Si hay una cirugía prevista, corresponde informar al equipo médico, porque la anestesia y la posición en la camilla cambian el cuadro. La CPAP, que mantiene abierta la vía respiratoria con presión, es una de las herramientas terapéuticas más utilizadas, aunque la nota original quedó cortada en ese punto y no cuento de memoria lo que no está en el material.

Lo que sigue faltando en el barrio y en el consultorio

Lo cuento porque lo escucho: María, de Boedo, me decía el otro día que "se le acabaron las pilas a los 45" y que el médico le dijo que era la menopausia. Le hice las preguntas de siempre y varias no le cerraban: dolor de cabeza al despertar, sueño que se corta, necesidad de dormir la siesta casi todos los días. La animé a pedir una interconsulta con un especialista en sueño. Todavía no tiene el resultado, pero la conversación ya es otra.

Mientras tanto, en el sistema de salud argentino, la polisomnografía sigue siendo una estudiosa escasa y cara en muchos centros, y los tiempos de espera se miden en meses. Falta que las obras sociales y las prepagas cubran de forma más ágil los estudios domiciliarios cuando están bien indicados, y que los equipos de cabecera, ginecología y obstetricia incorporen de rutina las preguntas de sueño. La respuesta del municipio y de las áreas de salud de cada provincia suele quedarse en campañas puntuales. Una nota en el diario, un stand en una plaza, alguna charla en el centro de jubilados. Sirve, pero no alcanza.

Por ahora, lo que sigue faltando es lo de siempre: formación específica en los equipos de cabecera para sospechar apnea en mujeres con cansancio e insomnio, accesos rápidos a estudios de sueño, y una mirada que no dé por sentado que sin ronquidos fuertes no hay apnea. Esa, justamente, es la que todavía no llegó.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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