Saltar al contenido
Martes, 13 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕
Diario Dos Voces

Diario Dos Voces

Portada — Vida —

Cuando el cuerpo rebalsa: la histamina como hilo invisible detrás de migrañas, hinchazón y noches en blanco

Una sustancia que el propio organismo produce y que también llega con los alimentos puede ser la pieza que conecta síntomas que suelen estudiarse por separado. El médico genetista Jorge Dotto explica cómo funciona, por qué se acumula y qué señales conviene leer en conjunto.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
Cuando el cuerpo rebalsa: la histamina como hilo invisible detrás de migrañas, hinchazón y noches en blanco

A la vuelta de la Escuela N.º 8 del barrio de Belgrano, donde todavía los vecinos se cruzan en la vereda y se preguntan cómo están, María atiende un kiosco de toda la vida. Hace rato que convive con jaquecas que no se explica, con la panza que se le infla después de comer y con noches en las que da vueltas en la cama sin poder pegar un ojo. Su hermana tiene migrañas. Su hija tuvo broncoespasmos de chica. A nadie se le ocurrió, hasta ahora, que pudiera haber un hilo en común.

Para el médico genetista Jorge Dotto, ese hilo invisible tiene nombre y se llama histamina: una sustancia química que el propio cuerpo produce y que también ingresa con lo que se come. Cumple funciones variadas en el organismo: participa en el estado de vigilia, en los mecanismos de apetito y saciedad, en funciones cognitivas, en la producción de ácido estomacal, en la contracción intestinal y en la regulación cardíaca. Y se activa, además, cuando el sistema inmune identifica una amenaza, lo que explica su presencia en las reacciones alérgicas clásicas, como picazón, sarpullido o estornudos.

El problema aparece cuando el vaso rebalsa

El problema no es la histamina en sí misma, sino la cantidad que se acumula. Dotto lo grafica con una imagen que se repite en cada consulta: la de un vaso que se va llenando. «Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón», dice. Ese vaso se llena con lo que se come, con el estrés, con el ejercicio intenso o con variaciones hormonales. Mientras no rebalsa, no hay síntomas. Cuando se llena, aparecen las reacciones.

Los alimentos con mayor contenido de histamina, o que estimulan su liberación interna, incluyen quesos curados, embutidos, vino tinto, chocolate, tomate, palta y pescado. Pero la dosis importa tanto como el alimento: una persona puede tolerar el tomate cherry y reaccionar al tomate común. «No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas», señala Dotto. De ahí la importancia de no generalizar ni de caer en listas rígidas.

Por qué en una misma casa hay síntomas distintos

El componente genético explica por qué la intolerancia puede presentarse en varios miembros de una familia. Cada persona hereda información que determina cómo procesa ciertas sustancias, pero la forma en que eso se manifiesta varía. Dotto menciona el caso de dos hermanas gemelas con síntomas distintos a pesar de compartir casi el mismo ADN: la diferencia estaba en lo que cada una comía y en factores del entorno. «Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción», afirma.

  • Migrañas y jaquecas frecuentes.
  • Hinchazón abdominal y problemas digestivos.
  • Alteraciones del sueño, con dificultad para conciliar o mantener el sueño.
  • Síntomas que se intensifican en momentos de estrés o en ciertos momentos del ciclo menstrual.
  • Molestias que cambian según lo que se comió en las horas previas.

En las mujeres, las hormonas agregan otra variable. La relación entre estrógenos e histamina puede hacer que ciertos síntomas cambien a lo largo del ciclo, y que lo que en una etapa se tolere bien en otra provoque una reacción que cuesta explicar. Por eso, también, se insiste en mirar el cuadro completo en lugar de atender cada molestia como si fuera un problema aislado.

“Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción.”Jorge Dotto, médico genetista

Ahora bien, después de varios años escuchando estos casos, lo que sigue faltando es una mirada más integral en los consultorios. Mientras a María le siguen recetando un analgésico para la jaqueca, otro remedio para la panza y otro para dormir, nadie le pregunta por lo que come, cómo duerme ni qué le pasa cuando suma todo junto. La sospecha de Dotto es razonable y la repite cada vez que puede: muchas veces el cuerpo no está fallando en varios lugares a la vez, sino avisando, en su propio idioma, que un mismo vaso se llenó. Habrá que empezar a escucharlo en serio.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo