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Diario Dos Voces

Divya filma su rutina en la cocina para entrenar robots y ahora paga sus gastos con eso

Corta verduras y limpia con un celular atado en la cabeza. Lo que graba alimenta sistemas de inteligencia artificial. Ella cobra por video aprobado.

AC
Antonella CabriniTecnología y ciencia · 22 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

La escena parece un experimento casero: una mujer en India corta verduras o limpia la casa con un celular sujeto a la cabeza. Lo que hace Divya, del distrito de Karur, es parte del entrenamiento de robots con inteligencia artificial. Filma sus tareas domésticas y cobra por el material que resulta aprobado.

El mecanismo es simple de explicar. Los robots que se usan en el hogar necesitan aprender cómo una persona agarra un cuchillo, dobla una frazada o levanta una olla. Para eso existen empresas y proyectos que contratan a gente común y la retribuyen a cambio de videos. Cada registro sirve como ejemplo visual para que una máquina luego imite o adapte esos movimientos.

Cuatro horas grabadas, dos y media aprobadas

Lo tedioso está en los números. Divya cuenta que cuando filma cuatro horas en una jornada, le aprueban entre dos y dos horas y media. El resto se descarta porque el encuadre falla, el movimiento no sirve o la calidad no alcanza. Por eso el tiempo dedicado y el tiempo pago son cosas distintas.

“Si normalmente me toma 30 minutos cortar verduras, este trabajo me toma una hora cuando tengo que grabarlo en video.”Divya, grabadora en Karur, India
  • Filmar con el celular sujeto a la cabeza para mostrar la tarea en primera persona.
  • Aprobar entre el 50 y el 60 por ciento de lo grabado en una jornada de cuatro horas.
  • Duplicar el tiempo que lleva una tarea doméstica cuando hay que registrarla.
  • Pasar de pedirle plata al marido hasta para recargar el saldo a manejarse sola.

Ojo con esto: su caso muestra una cara poco habitual del trabajo detrás de la inteligencia artificial. No siempre es código en una oficina. A veces es alguien en una cocina, con un teléfono en la frente, transformando una rutina en insumo para robots que todavía no existen. Vale la pena prestarle atención porque anticipa cómo será el vínculo entre máquinas que aprenden de lo humano y personas que viven de enseñarles.

AC
Antonella CabriniTecnología y ciencia

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