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El tramo final de la inflación en Argentina: la experiencia regional muestra que consolidar un dígito puede demandar hasta una década

Con la variación mensual en 2,1% en julio de 2026 y el acumulado anual todavía por encima del 30%, el espejo latinoamericano indica que el descenso hacia un dígito sostenido llevó entre dos y diez años según el país, con casos notables como Brasil y Ecuador que lograron el recorte en apenas dos ejercicios mediante cambios estructurales profundos.

MS
Martín SáezVitivinicultura y economía · 31 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

El Índice de Precios al Consumidor de la Argentina marcó 2,1% en julio de 2026, una baja pronunciada respecto de los registros cercanos al 25% mensual que se observaron hacia fines de 2023. No obstante, la comparación interanual se mantiene por encima del 30%, y las proyecciones predominantes entre las consultoras privadas consultadas por el mercado indican que el cierre de 2026 no perforaría ese umbral. El sendero, además, no resultó lineal: desde mayo de 2025 la dinámica mensual había retomado impulso, con registros de 1,5% en ese mes y un pico de 3,4% en marzo de 2026, antes de recomponerse en los meses siguientes. En julio, la suba respondió en buena medida al comportamiento estacional del rubro Esparcimiento y Recreación durante el invierno.

Cuánto tardaron los países de la región en llegar al dígito

  • Brasil y Ecuador: dos años, mediante cambios estructurales profundos —el Plan Real de 1994 con nueva moneda y ancla cambiaria en el primer caso, y la dolarización de 2000 en el segundo—.
  • México, Perú y Uruguay: cuatro años para consolidar la transición desde registros superiores al 30% anual hacia tasas de un dígito.
  • Guatemala: seis años en completar el recorrido.
  • Paraguay y Colombia: nueve años cada uno.
  • Chile, El Salvador y Honduras: diez años, el tramo más prolongado entre los casos relevados.

La comparación con la vendimia anterior, en este caso reinterpretada como el ciclo inflacionario previo, muestra que el punto de partida de julio de 2025 —con un 1,5% mensual— había alterado la dinámica descendente que se había consolidado a lo largo de 2024. La recuperación de la tendencia a la baja durante la primera parte de 2026 permitió retomar la desaceleración, aunque el repunte de julio dejó en evidencia que los servicios estacionales y los componentes sensibles a la temporada mantienen su propia pulsación, independientemente del ritmo general de los precios.

“Los procesos de desinflación no son lineales, y el tramo final suele ser el más difícil. Salvo Ecuador y Brasil, al resto de la región le llevó entre 4 y 10 años bajar la inflación desde niveles cercanos al 30% hasta un dígito de forma sostenida.”Ignacio Sniechowski, jefe de Research de IEB

La explicación técnica de esa lentitud en la etapa final fue abordada por Federico Filippini, jefe de Research de Adcap Grupo Financiero. Según su lectura, la primera fase del proceso de desinflación suele ser más veloz porque se revierten shocks puntuales de precios relativos, se estabiliza el componente energético, se modera la inflación de bienes transables y se normalizan las cadenas de suministro. La segunda fase, en cambio, se vuelve más lenta porque el foco se traslada hacia los componentes más persistentes del índice: alquileres, servicios médicos, seguros, transporte y salarios. Esos rubros ajustan con rezago porque dependen de contratos plurianuales, de la dinámica de costos laborales y, sobre todo, de las expectativas de inflación que aún permanecen ancladas en niveles elevados. Es allí donde el eslabón de la cadena que captura la mayor parte de la diferencia entre la meta y la realidad es el sector servicios, donde las correcciones se producen con un retardo considerable respecto del momento en que se inicia el proceso.

De cara a la próxima cosecha de datos, Martín Sáez, editor de la sección de Vitivinicultura y Economía, señaló que habrá que observar tres indicadores centrales: la evolución de los precios regulados y de los servicios públicos que aún mantienen ajustes pendientes, el ritmo de convergencia de las paritarias salariales hacia la nueva tasa de inflación esperada y, finalmente, la trayectoria de los componentes estacionales, como el esparcimiento invernal, para determinar si el repunte de julio constituyó un fenómeno transitorio o el inicio de un nuevo amague en la dinámica de los precios.

MS
Martín SáezVitivinicultura y economía

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