Guy Ritchie empuja a Theo James hacia un trône de sangre europea en la segunda temporada de The Gentlemen
La serie de Netflix retoma al Duque de Halstead tres meses antes de la escena del campo embarrado y lo muestra tejiendo un imperio de cannabis que cruza el Atlántico, chocando con el patriarca Bobby Glass y pactando con la mafia italiana que encarnan Sergio Castellitto y Michele Morrone.

Martín Sáez, sección Vitivinicultura y economía — La segunda temporada de The Gentlemen, la serie de Netflix creada por Guy Ritchie, se apoya en una sola línea temporal para contar una transformación: el salto arranca tres meses antes de la escena del primer episodio de 2024 en la que el Duque de Halstead aparece malherido, arrastrándose por un campo embarrado, y retrocede para reconstruir el camino que lo llevó hasta allí. Si la primera entrega lo había mostrado como un aristócrata que caía por accidente en el negocio del cannabis de la familia Glass, esta segunda lo encuentra decidiendo, de manera deliberada, expandir ese imperio más allá del Reino Unido, mover capitales entre el cannabis legal, la política británica y nuevas alianzas criminales en el continente europeo.
Mismo elenco central, nuevos pesos pesados del crimen europeo
Theo James vuelve como Eddie Horniman, pero el personaje dista del dandi inicial: aprende a leer sus modales como debilidad y a entender que acumular poder implica dejar de permitir que otros decidan por él. Kaya Scodelario lo secunda como Susie Glass, cada vez más integrada al negocio, mientras el patriarca Bobby Glass, más volcado a su despertar espiritual que a la reconversión del entramado, frena las ambiciones de la nueva generación. La temporada incorpora a Sergio Castellitto como el mafioso italiano Marco Moretti y a Michele Morrone como Cico Maldini, piezas que abren el juego hacia una mafia europea imprevisible.
- Eddie apunta a recuperar tierras alrededor de la finca Halstead para ampliar la producción.
- Busca llevar las operaciones de cannabis fuera de Gran Bretaña con socios internacionales.
- La tensión con Bobby Glass define el arco político de la temporada.
- La alianza con la mafia italiana introduce una cuota de imprevisibilidad criminal.
Ritchie conserva sus marcas registradas: coreografías de violencia estilizada, humor negro y un montaje de imágenes que recuerda a las dos películas originales de 2019 y 2021 producidas por Miramax. Pero, como en la primera entrega —que promedió 41,6 millones de vistas y se mantuvo entre las diez más vistas de Netflix durante seis semanas—, el director pone esa gramática al servicio de un argumento sobre el costo personal del poder. La pregunta que deja abierta la temporada es cuánto margen le queda a Eddie Horniman antes de que el precio de esa elección resulte irreversible, un dilema que se resolverá, para los lectores y para el propio personaje, en lo que la cadena ya bautizó como el arco final de la serie.
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