Lunes, 14 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕

Diario Dos Voces

PortadaVida

Humboldt, el basset hound de Villa La Angostura que se convirtió en el mejor rastreador de la Patagonia

Un perro de dos años, adiestrado por un vecino y su hija, colabora de manera voluntaria con científicos y guardaparques para detectar fauna silvestre y hasta un parásito que amenaza a los peces nativos. La historia continúa el legado de Darwin, su antecesor en la familia, que participó en investigaciones similares hasta su muerte.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

En el barrio residencial de Villa La Angostura, cuando todavía el sol pega bajo entre los coihues, Humboldt sale a trabajar. Tiene dos años, es un basset hound de patas cortas y orejas largas que camina con cierta solemnidad por el bosque patagónico. A su lado van Alex Tersoglio y Kenia, su hija. Los tres forman un equipo de trabajo que ya pasó del núcleo familiar a los parques nacionales de la región, donde colaboran de manera voluntaria con científicos y guardaparques en tareas de conservación.

La tarea de Humboldt es simple de explicar y compleja de ejecutar: detecta rastros de fauna silvestre a partir de pequeñas moléculas de olor que serían imperceptibles para una persona. El perro identifica presencia o ausencia de especies sin necesidad de verlas, lo que vuelve cada recorrida por el monte una exploración más rápida y más precisa. Entre los animales que rastrea aparecen algunos de los más emblemáticos y amenazados de la Patagonia: el huillín, el huemul, el gato huiña, el gato montés y el puma. También colabora en la detección del visón, una especie invasora que preocupa a los equipos técnicos de los parques.

Una marcación silenciosa que aprendió a leer su dueño

La señal que utiliza Humboldt es pasiva: cuando encuentra lo que busca, se sienta, apunta con la nariz y sostiene la mirada con Alex. En terrenos con piedras o espinas donde no puede sentarse, queda parado e inmóvil y repite el gesto visual. Si el punto exacto es difícil de precisar, Alex le da la orden en inglés show me y el perro vuelve a acercar el hocico al lugar preciso. Esa coreografía mínima es la confirmación que el equipo esperaba.

Los proyectos en marcha y un nuevo desafío diminuto

  • Protección del huillín en el Parque Nacional Nahuel Huapi.
  • Investigaciones sobre carnívoros: gato huiña, gato montés y puma.
  • Tareas vinculadas al Parque Nacional Lanín.
  • Contacto con el Parque Nacional Los Alerces, donde existe interés en sumarlo a trabajos sobre huemul y huillín.
  • Entrenamiento para detectar un parásito que afecta a peces nativos de la región, primero en el agua y, más adelante, dentro del caracol que lo porta.

El entrenamiento más reciente es el más pequeño hasta ahora. Le están enseñando a detectar un parásito que ataca a los peces nativos de la región. La idea es comprobar primero si puede reconocer su presencia en el agua y, si lo logra, pasar a identificarlo dentro del propio caracol que lo hospeda. De conseguirlo, el olfato de Humboldt podría ahorrar horas de trabajo de laboratorio a los investigadores.

El legado de Darwin y lo que sigue faltando

Esta historia tiene una raíz anterior. El proyecto continúa el legado de Darwin, un perro de la misma familia que participó en investigaciones similares hasta su muerte. Para Alex y Kenia, Humboldt es la continuidad de un vínculo que empezó con aquel primer perro y que hoy se transformó en una herramienta concreta para los equipos de conservación. Kenia, que creció viendo a su padre trabajar con Darwin, es ahora parte central del equipo y la que sostiene la cadena de entrenamiento cuando Alex no puede estar en el campo.

Humboldt camina, levanta la nariz, se sienta. Alex mira y entiende. Esa comunicación mínima, que parece de la vida cotidiana de cualquier barrio del mundo, en la Patagonia se traduce en información clave para decidir dónde poner una cámara trampa, dónde reforzar un monitoreo o dónde intervenir para proteger a un huillín que casi no se ve. El perro no reemplaza al científico: lo potencia. Y lo hace de manera voluntaria, sin que el Estado pague un peso por el trabajo.

Mientras tanto, en la vida cotidiana de Villa La Angostura, Humboldt sigue siendo un perro de familia. Duerme en una casa, come a horario y se cruza con los vecinos en las veredas del barrio. Pero cuando lo llaman para trabajar, se transforma. La ciencia lo agradece. Los parques nacionales lo agradecen. Y a esta familia que dedica su tiempo libre a un proyecto de conservación sin financiamiento formal todavía le queda un tramo largo: conseguir apoyo económico estable, formalizar el vínculo con los organismos que ya se interesaron en él y, sobre todo, que el Estado y las universidades reconozcan que un basset hound de dos años, con su olfato y su mirada atenta, puede hacer por la fauna patagónica algo que ningún aparato reemplaza. Falta mucho. Pero Humboldt ya está olfateando.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo