La autodemolición de Aaron Sorkin: cuando el mejor guionista se queda solo frente al director
El regreso del autor al universo de Mark Zuckerberg no convence a la crítica, que señala el regreso de viejos defectos que sus guiones tenían cuando otros realizadores los contenían.

El estreno de El precio de la red reaviva un debate que la crítica especializada viene sosteniendo desde hace una década: la conveniencia o no de que Aaron Sorkin dirija sus propios guiones. La película, concebida como secuela de La red social de 2010 y atravesada por los mismos temas que The Newsroom y un frustrado proyecto sobre el 6 de enero que el autor arrastra hace años, decepciona por donde más se la mire con rendimiento, la caricatura, el montaje y, sobre todo, la dirección.
Un patrón que se repite
La lectura no es nueva. El historial de Sorkin como realizador arrancó con Molly's Game, que fue recibida con cierta benevolencia, pero sus trabajos siguientes confirmaron que los mejores resultados de sus textos llegaron cuando otros directores los pusieron en escena. David Fincher en La red social, Danny Boyle en Steve Jobs y Rob Reiner en Algunos hombres buenos supieron contener y redirigir sus excesos. Sin esa tensión externa, El precio de la red muestra lo que ocurre cuando el guionista tiene control total.
El síntoma es la escena
El material señala que la película acumula largas secuencias de diálogo que existen principalmente porque suenan bien leídas en voz alta, escenas de interiores con problemas de iluminación notorios a pesar de que el director de fotografía es el mismo que trabajó en La red social, y un montaje sin urgencia ni imágenes que trasciendan lo funcional. El propio filme condensa la autocrítica: la frase dicha por el personaje que interpreta Bill Burr, y ya presente en los tráileres, lo describe como un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.
- La expectativa estaba dada por la reunion entre Sorkin y el universo de Mark Zuckerberg, doce anos despues de La red social.
- Los puntos debiles coinciden con los de sus anteriores trabajos como director: soliloquios extensos y falta de disciplina visual.
- La diferencia respecto de La red social, Steve Jobs y Algunos hombres buenos es la ausencia de un director externo que contenga el texto.
- La critica coincide en que el guionista funciona mejor cuando otro pone en escena lo que el escribe.
En definitiva, la decepcion no sorprende a quien viene siguiendo la trayectoria de Sorkin. La pregunta que queda abierta es si en su control total sobre la obra hay algo valioso que la critica aun no esta dispuesta a reconocer o si, por el contrario, lo que se vio en El precio de la red confirma que el oficio de director y el oficio de guionista son, en su caso, actividades que se perjudican cuando se ejercen en simultaneo. La respuesta, probablemente, llegue con su proxima pelicula.
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