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La comadreja enana de Cutral Co: una visita inesperada que dejó varias lecciones en la cocina y el garaje de cualquier vecino

Un marsupial de pocos gramos se metió en una pila de leña y movilizó a Guardafaunas de Picún Leufú. El episodio reabre un debate cotidiano en la Patagonia: qué hacer —y qué no hacer— cuando la fauna silvestre se cruza en la vida doméstica.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 10 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Empiezo por una imagen que cualquiera de nosotros vio alguna vez en su patio trasero: la pila de leña arrimada contra la pared, esperando que llegue el frío. En Cutral Co, en una de esas casas de barrio donde la estepa se mete hasta la cocina, una familia abrió un día la puerta del fondo y se topó con algo que no era un ratón, aunque lo parecía. Era una comadreja enana, un marsupial tan pequeño que cabe en la palma de una mano, tan discreto que uno puede vivir años sin saber que existe. Y acá empieza lo que de verdad me importa de esta historia, porque dice mucho más de nosotros que del animal.

Una vecina dio el primer paso correcto

Me contaba alguien del pueblo que lo primero que hicieron los dueños de casa fue no tocar nada. Llamaron. Esperaron. Avisaron. En un país donde la costumbre todavía es agarrar, meter en una caja o, peor, quedarse con el animal como si fuera un hallazgo, esa decisión merece ser destacada. El equipo de Guardafaunas de Picún Leufú llegó, revisó al bichito con manipulación mínima y lo liberó en su ambiente natural. Sano. Enterito. Como debe ser. A veces el mejor favor que le hacemos a un animal es no hacerle nada.

La comadreja enana: tan chica que se confunde, tan particular que sorprende

  • Es un marsupial de la familia de las comadrejas americanas, no un roedor, aunque mida entre 8,5 y 12 centímetros y pese entre 15 y 36 gramos.
  • Vive en ambientes áridos y de estepa, como los que abundan en Neuquén, y es de hábitos nocturnos, por eso casi nunca se la ve.
  • Tiene pelaje grisáceo, vientre claro y unas manchas oscuras alrededor de los ojos que la hacen inconfundible cuando uno sabe dónde mirar.
  • Su cola es prensil y le sirve como reserva de grasa para pasar el frío y la escasez: una adaptación notable para un animal tan pequeño.
  • Se alimenta de insectos, frutos y presas chicas, lo que la convierte en una aliada del equilibrio del patio, no en una amenaza.

El protocolo que casi nunca se cumple

“La fauna silvestre no es mascota. Protegerla es tarea de todos.”Dirección Provincial de Fauna de Neuquén

Lo dicen desde la Dirección Provincial de Fauna y lo repito yo porque me parece lo más sensato que se escuchó en mucho tiempo: la fauna silvestre no es mascota. El contacto directo, aunque sea bien intencionado, estresa al animal, puede transmitir enfermedades y, sobre todo, lo acostumbra a la presencia humana, que es el primer paso para condenarlo. Cuando uno rescata sin saber, muchas veces termina haciendo el daño que quería evitar. Por eso el protocolo es siempre el mismo y conviene tenerlo tatuado: no manipular, no retener, no intentar criarlo, y llamar de inmediato a la autoridad de fauna más cercana. Si el animal está herido, se aísla en una caja ventilada sin alimentarlo. Si está sano dentro de lo que uno alcanza a ver, se lo deja en paz y se espera al equipo especializado.

Ahora bien, ese protocolo choca con algo que veo todo el tiempo y que me preocupa: la respuesta del municipio en estos casos suele ser lenta, cuando no directamente nula. Los guardafaunas de Picún Leufú llegaron, sí, pero en muchas localidades neuquinas el teléfono de fauna no suena, o suena y nadie atiende. Falta articular una red de respuesta vecinal con los centros de zoonosis, las comunas y los bomberos voluntarios. Falta capacitación en los barrios. Faltan campañas de educación sostenidas, no un flyer cada tanto. La comadreja enana de Cutral Co tuvo suerte porque apareció en la casa correcta. Otras no la tienen, y eso no puede seguir dependiendo de la buena voluntad de un vecino.

Lo que sigue faltando, y me parece importante decirlo, es lo de siempre: recursos, presencia territorial y un protocolo accesible para cualquier familia, en cualquier pueblo, a cualquier hora. Porque la próxima visita inesperada puede ser otra comadreja, un piche, una víbora, un gato montés. Y cuando eso pase, en medio del susto, queremos que suene un número y haya alguien del otro lado. Mientras tanto, sigamos haciendo lo que hicieron en Cutral Co: mirar sin tocar, y llamar. A veces lo más humano que uno puede ser con un animal es dejarlo en paz.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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