La historia real detrás de las lágrimas de Drew Barrymore en la primera escena de Scream
Un truco de Wes Craven, una noticia sobre crueldad animal y una decisión de marketing que cambió para siempre el slasher moderno

Les confieso algo: cada vez que vuelvo a poner la escena inicial de Scream, en la que Casey Becker atiende aquel llamado telefónico que se transforma en una pesadilla, termino clavado en el sillón como si fuera la primera vez. Y no es solo por el ingenio del guion, ni por la precisión milimétrica con la que Wes Craven maneja la tensión. Es porque hay algo en ese llanto de Drew Barrymore que siempre me pareció demasiado crudo, demasiado para ser actuado. Bueno, resulta que no era actuación.
La noche anterior al rodaje, la actriz se topó con una noticia que la sacudió de verdad: la historia de un dueño que quemó vivo a su perro. La imagen la persiguió hasta el set. Cuando se lo comentó a Craven, el director encontró ahí una herramienta que ningún coach de acting podría fabricar. Durante la filmación, cada vez que la cámara se acercaba a Barrymore, él se le acercaba y le susurraba al oído una frase simple, demoledora: «Estoy encendiendo el mechero». El recuerdo volvía, las lágrimas caían, y el grito que salía de Drew era, literalmente, un grito de dolor.
Un truco emocional al servicio de una apuesta de marketing
Lo de las lágrimas era apenas una capa de una operación mucho más grande. En Dimension Films decidieron que Barrymore iba a ser la cara de toda la campaña publicitaria de Scream: afiches, tráileres, notas en revistas. La idea, como recordó Richard Potter, director de desarrollo del estudio, era que el público entrara al cine absolutamente convencido de que ella era la protagonista. «Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera», explicó Potter. Cuando Casey aparece colgada del árbol a los doce minutos del metraje, el golpe es doble: el espectador pierde a quien creía su guía en la historia y, a partir de ahí, entiende que nadie está a salvo. La regla del slasher se invertía en tiempo récord.
“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ¿pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección en el rodaje de Scream
Hay un antecedente inevitable que Craven no escondía: la Janet Leigh de Alfred Hitchcock en Psicosis. Pero lo que el director de Ohio logró en 1996 fue algo distinto, porque combinó tres vectores al mismo tiempo. Un guion que subvertía sus propias reglas antes de establecerse. Una dirección de actores que apelaba a la memoria emocional de la intérprete. Y una campaña de prensa diseñada para que el público se confiara. Treinta años después del estreno, la secuencia sigue siendo materia obligatoria en cualquier curso de cine de género, y cada vez que un director quiere explicar cómo se construye sorpresa sin traicionar al espectador, vuelve a poner este capítulo inicial.
- El llanto de Drew Barrymore en la apertura de Scream no fue actuado: Craven la hacía revivir, con un susurro, la imagen de un perro quemado vivo.
- Dimension Films usó a Barrymore como cara de toda la promoción para que el público la creyera la protagonista del filme.
- Su muerte a los doce minutos de metraje cambió para siempre las reglas del slasher y se volvió cita obligada de cualquier manual del género.
- La estrategia tenía un precedente explícito: la eliminación de Janet Leigh en Psicosis, aunque el efecto en los años 90 fue completamente nuevo.
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