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La IA en la escuela: la mesada gana, el atracón pierde

Un relevamiento internacional de PISA muestra que los estudiantes que recurren a chatbots con moderación rinden mejor en ciencias que quienes los usan a diario o directamente los esquivan.

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Antonella CabriniTecnología y ciencia · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Probé la teoría en mi propia cabeza mientras leía el informe y la conclusión me resultó incómoda por lo obvia: en la escuela, la inteligencia artificial suma cuando se usa con mesura y resta cuando se vuelve muleta. Lo dice el último análisis del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, PISA, que cruzó respuestas de más de 40 países y encontró una curva con forma de U invertida.

El dato que abre el reporte es masivo: el 86 por ciento de los estudiantes de países que integran la OCDE usó algún chatbot de inteligencia artificial al menos una vez para una tarea escolar durante el período relevado. Y uno de cada cinco lo hizo de forma casi cotidiana, lo que ya de entrada pinta un escenario donde la IA dejó de ser una rareza y pasó a ser parte de la mochila.

Quiénes rindieron mejor

Los alumnos que recurrieron a la IA de manera moderada, sin convertirla en el primer paso automático de cada entrega, obtuvieron puntuaciones promedio más altas en ciencias que dos grupos opuestos: los que casi nunca la usaron y los que la usaron día por medio. La ventaja se notó sobre todo en dos usos puntuales: resumir lecturas asignadas e investigar un tema nuevo antes de meterse de lleno en él.

Ojo con esto: el grupo que usa IA casi a diario tiende a sacar notas más bajas incluso que el grupo que directamente no la usa. El informe lo explica con un mecanismo que se retroalimenta. A menor capacidad de lectura crítica, más difícil resulta detectar cuándo una respuesta de la herramienta es incompleta o directamente incorrecta. Y delegar siempre la lectura, el resumen y el razonamiento en la IA achica las oportunidades de esas mismas habilidades, que son justamente las que hacen falta para controlar a la herramienta.

“El uso moderado e intencional de la IA para las tareas escolares y el aprendizaje puede estar relacionado positivamente con el rendimiento estudiantil.”Informe PISA de la OCDE

La OCDE lo compara con una escena bien concreta: mirar deporte no te pone en forma, practicarlo sí. Con la IA pasa algo parecido. Ver contenido generado o pedirle respuestas listas no es lo mismo que pelearse cognitivamente con material nuevo. La herramienta empuja cuando hay un propósito claro detrás, y se desinfla cuando queda librada a la costumbre.

  • Usarla para resumir una lectura larga y después discutirla en clase.
  • Apoyarse en ella para investigar un tema antes de leer fuentes en serio.
  • Tratarla como punto de partida, no como destino final de la tarea.

Hay un dato de contexto que pesa y que el informe no deja de recordar: el declive en las calificaciones de PISA en lectura, matemáticas y ciencias arrancó mucho antes de que existiera ChatGPT. La curva viene cayendo desde 2003, o sea que la IA no inventó el problema, pero puede acelerarlo si se usa mal.

¿Vale la pena? Sí, pero con regla

Como periodista y como usuaria, me llevo una conclusión práctica. La IA no es ni el enemigo de la escuela ni la solución mágica. La diferencia la marca el cómo. Si el alumno la usa como una herramienta puntual, con un objetivo concreto y sin delegarle el pensamiento, puede empujar el rendimiento. Si la deja decidir por él, lo más probable es que lo frene. Mi recomendación, si me la permiten, es la del informe en versión corta: probarla, pero no entregarse.

AC
Antonella CabriniTecnología y ciencia

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