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La montaña que se mueve: lo que dejó la avalancha en el filo del Chapelco y por qué la zona sigue cerrada

Dos esquiadores pasaron a metros del frente de nieve en un sector no habilitado del Cerro Chapelco. El complejo activó el protocolo, no hubo heridos y la pregunta vuelve a ser por qué cuesta tanto quedarse dentro de las pistas señalizadas.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Fue en el filo del Cerro Chapelco, ese cordón que parece colgar del cielo sanmartinense, donde el jueves por la tarde la montaña decidió recordarnos quién manda. Una masa de nieve se soltó del sector posterior, a casi mil novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, y barrió una ladera que no está abierta al público. Dos personas que bajaban en zigzag por la zona quedaron a pocos metros del avance de la nieve blanca y, por suerte, pudieron alejarse sin un rasguño.

Lo más impactante es que la secuencia quedó filmada por gente que estaba en las cercanías y se puede ver la velocidad con que el manto se viene abajo. Cualquiera que haya esquiado alguna vez sabe lo que es ese rumor grave que precede a un alud; verlo desde un celular ajeno es, de todos modos, un sacudón.

Qué pasó después del estruendo

  • Se activó de inmediato el protocolo de seguridad del complejo.
  • Se impidió el acceso al sector mientras se evaluaba la estabilidad de la ladera.
  • No se registraron personas lesionadas.
  • Las autoridades recordaron que el filo no es parte del dominio esquiable habilitado.
  • La recomendación central volvió a ser esquiar dentro de las pistas señalizadas.

Por qué se cae la nieve: lo que dice la montaña

Una avalancha no es un capricho del clima: ocurre cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente y empieza a deslizar. Influyen la acumulación de capas con distinta consistencia, los cambios bruscos de temperatura, el viento que redistribuye la nieve después de las tormentas y, claro, la inclinación del terreno. Después de nevadas intensas, el mismo viento amontona la nieve en ciertos puntos del filo y arma placas que se vuelven inestables si la adherencia entre capas es débil. Por eso los centros de esquí delimitan con tanto celo las zonas seguras: no es exageración, es lectura seria de la montaña.

El paso de esquiadores por sectores no habilitados puede sumar la sobrecarga que termina disparando el desprendimiento. Cada par de esquís o de tablas que corta una ladera virgen es un dato más en la cuenta que la montaña lleva desde el inicio de la temporada.

“Acá nadie quiere ser guardián de nadie, pero cuando ves la imagen de la nieve bajando a esa velocidad, entendés por qué el filo del Chapelco está cerrado con cinta y por qué no es una decisión decorativa: es una decisión de seguridad. Quedarse dentro de las pistas no es un capricho del centro de esquí, es la diferencia entre volver a casa o terminar en el hospital.”Paula Nallim, Sociedad y vida cotidiana

La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre y el cerro seguirá recibiendo nieve. Mientras tanto, sigue faltando lo de siempre: que cada uno que calza tablas o esquís entienda que la montaña no avisa dos veces. La cinta que marca el límite no está ahí para molestar: está ahí porque alguien la puso después de leer la ladera con instrumental y experiencia.

Queda flotando una pregunta que el episodio vuelve a poner sobre la mesa: ¿qué hacemos los que amamos esquiar para que cada bajada sea un disfrute y no un susto? La respuesta empieza por algo tan simple como respetar la línea que separa la pista del filo. Lo demás lo pone la montaña.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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