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La pasarela del Alvear Icon se llenó de hilos argentinos: Adot convirtió su haute couture en una vidriera con precios

Cincuenta salidas con bordados hechos a mano y sedas nobles salieron a la venta ni bien bajó la última modelo. La gala de Fundación Paolini cumplió siete años y el diseñador eligió ese escenario para unir moda, oficio y causa solidaria.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 3 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

El salón principal del Alvear Icon Hotel, en Puerto Madero, se transformó otra vez en una pequeña atelier a cielo abierto. Sobre la pasarela montada para la Gala Anual Benéfica de Fundación Paolini, Laurencio Adot presentó Raíces del corazón, su colección de alta costura para la primavera-verano que viene, y rompió una de las reglas más arraigadas del rubro: las prendas no quedaron guardadas en un atelier esperando clienta. Apenas la modelo dejó el escenario, cada vestido ya tenía precio y podía comprarse.

La fundación llegó a su séptimo aniversario y eligió a Adot y al empresario Thiago Pinheiro como embajadores de la noche. El marco fue el que ya es habitual en estas convocatorias: una cena con fines solidarios que reunió a empresarios, artistas y figuras del jet set local. Lo distinto fue el convite del diseñador: en lugar de mostrar una cápsula simbólica, puso sobre el escenario cincuenta salidas completas, con bordados a mano, gasa de seda, chiffon y shantung, todas tejidas y cosidas en el país.

Una paleta que viaja del naranja al oro

La colección avanzó como una paleta que va tomando temperatura. Las primeras modelos lucieron vestidos en tonos vibrantes, naranjas y turquesas que parecían sacados de un atardecer de verano en la costa. A medida que el desfile creció, los colores se aquietaron y la pasarela se llenó de plateados y dorados, hasta desembocar en los cierres bordados, donde el trabajo manual se luce de verdad: cada aplicación, cada flor, cada línea de hilo lleva horas de taller.

Las siluetas son las clásicas de Adot: vestidos largos, estilizados, con faldas rectas que caen con peso justo. Lo que varía, y mucho, es el escote. Hubo strapless bien marcados, asimétricos que dejan un hombro al aire, halters que suben hasta el cuello. Es el detalle que define el carácter de cada pieza sin romper la línea general de la colección.

La modelo que abrió, la que cerró y una despedida

  • Allegra Cubero hizo su debut absoluto en pasarela y tuvo a su cargo abrir el desfile.
  • Barbie Simons participó a lo largo de toda la presentación con varios cambios.
  • Elina Costantini cerró la noche con una salida concebida como homenaje a Arlete Pinheiro de Azevedo, hermana de Thiago Pinheiro, fallecida poco antes.

Lo que a mí, como cronista de la vida cotidiana, más me interesa de esta movida es lo que no se ve desde la primera fila: la trastienda de un oficio que en Argentina se empeña en sobrevivir. Mientras las grandes marcas internacionales producen en serie y bajan precios a costa de talleres enteros, acá un diseñador mantiene bordadoras, modistas y proveedores de seda trabajando. No es un detalle menor en un país que cada año pierde oficios textiles.

Ahora bien, hay algo que todavía no termina de cerrarme y que el municipio porteño y las autoridades de fomento a la producción deberían mirar de cerca. Si la alta costura argentina se presenta así, con público, con ventas concretas y con causa social incluida, por qué no hay una política pública estable que acompañe a estos talleres. Por qué los aranceles siguen comiendo márgenes y por qué las escuelas de moda siguen vaciándose de aprendices. La pasarela del Alvear deslumbra, pero del otro lado de la pasarela falta lo de siempre: formación genuina, crédito accesible para los talleres y reglas claras para que un bordado a mano no sea un lujo en extinción.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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