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La salud en silencio: por qué controlar la presión y el colesterol puede salvar vidas

Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en Argentina. El diagnóstico temprano y la continuidad de los tratamientos resultan decisivos frente a riesgos que pueden pasar años sin síntomas.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · · 2 min de lectura
La salud en silencio: por qué controlar la presión y el colesterol puede salvar vidas

Una persona puede tener la presión alta, el colesterol elevado o la glucemia alterada durante años sin sentirse enferma. Esa ausencia de señales no significa que no haya riesgo: cuando aparecen los síntomas, el daño cardiovascular puede estar avanzado.

En Argentina, siete de cada diez muertes se deben a enfermedades crónicas. Entre ellas, las cardiovasculares ocupan el primer lugar, según el último boletín de mortalidad del Ministerio de Salud de la Nación. No todas las enfermedades crónicas pueden evitarse, pero conocer y controlar los factores de riesgo ayuda a prevenir complicaciones graves.

Más años de vida y una demanda creciente

El país también atraviesa un envejecimiento sostenido. De acuerdo con el INDEC, la población de 65 años y más creció un 31% entre los censos de 2010 y 2022 y supera los 5,3 millones de personas. La combinación de una población más longeva y las enfermedades crónicas plantea una presión creciente sobre el sistema de salud.

Argentina destina cerca del 10% de su producto bruto interno a la salud, por encima del promedio de los países de la OCDE, según un informe del IIEP, de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet. Los especialistas advierten que no alcanza con mirar cuánto se gasta: también importa en qué momento se interviene.

Detrás de esas cifras hay cambios profundos en la vida cotidiana. Un infarto a los 55 años puede significar meses sin trabajar, dificultades para realizar actividades habituales y una reorganización de toda la familia. Por eso, considero que hablar de prevención no es hablar de un problema lejano: es hablar de tiempo, autonomía y cuidados.

Detectar no alcanza si el tratamiento se abandona

Un análisis publicado en una revista médica británica encontró que reducir en 10 milímetros de mercurio la presión sistólica disminuye un 20% el riesgo de infartos, accidentes cerebrovasculares y otros episodios cardiovasculares graves. Sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud, solo el 23% de los 1.400 millones de adultos con hipertensión en el mundo tiene la presión bajo control.

La continuidad del tratamiento es otra dificultad. La organización estimó que, incluso en países desarrollados, apenas la mitad de los pacientes con enfermedades crónicas cumple las indicaciones. El cardiólogo Daniel Pérez, director del Instituto Médico de Alta Complejidad de Buenos Aires, señaló que el desafío principal no es solo contar con tratamientos, sino sostenerlos. Falta que el control de estos riesgos y la continuidad de los cuidados lleguen antes de que una urgencia cambie la vida de una persona.

Paula Nallim, Sociedad y vida cotidiana.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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