Viernes, 4 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕

Diario Dos Voces

PortadaVida

La última singladura del hombre que le dio la vuelta al mundo a solas y se perdió en el mar

Joshua Slocum completó la primera circunnavegación en solitario de la historia a bordo del Spray, un balandro que él mismo reconstruyó tabla por tabla. Once años después se hizo a la mar por última vez y nunca volvió. Su historia vuelve a interpelarnos en una época que todavía admira a los que se van solos.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 4 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Empiezo por un puerto que ya no existe como él lo conoció. Boston, abril de 1895, muelle de un astillero menor donde nadie esperaba a nadie. Un balandro de once metros llamado Spray, con la pintura saltada y las jarcias tiesas de sal, se hizo a la mar con un solo hombre a bordo. Joshua Slocum, canadiense de Nova Scotia, capitán sin trabajo en un mundo que ya apostaba al vapor y al carbón, se iba sin despedida oficial ni padrinos de muelle. A bordo llevaba un reloj de hojalata al que le faltaba el cristal, una brújula vieja, libros de navegación que conocía de memoria y, según sus propios dichos, ningún cronómetro marino en condiciones. Tampoco sabía nadar, y solía repetir que en mitad del océano esa habilidad solo servía para estirar la agonía.

Un balandro reconstruido tabla por tabla

El Spray no era un barco de exposición ni una joya de regata. Era un pesquero abandonado en un pastizal de Massachusetts, tan deteriorado que varios carpinteros le habían aconsejado a Slocum dedicarlo a leña. El marino lo compró igual y pasó trece meses reconstruyéndolo sin más capital que su oficio, acumulado en décadas de navegación mercante, de cubiertas tropicales y de puertos polvorientos. Cuando lo vio otra vez flotando, lo describió como si hubiera vuelto a la vida un caballo viejo. Con esa misma mezcla de terquedad y cariño iba a cruzar después tres océanos.

Tres años, 46.000 millas y un piloto fantasma

La travesía duró tres años y cubrió más de 46.000 millas náuticas. Slocum cruzó el Atlántico, bordeó el cabo de Hornos bajando por el Estrecho de Magallanes, atravesó el Pacífico, entró al Índico y regresó a Newport, Rhode Island, el 27 de junio de 1898. Ningún navegante había completado ese recorrido en solitario antes que él. No hubo expedición rival, ni clasificador oficial que lo certificara; estuvo la palabra de un hombre y el cuaderno de bitácora, y con eso alcanzó.

El viaje combinó el ingenio artesanal con el peligro real. En el Estrecho de Magallanes, para disuadir a los fueguinos que querían abordar de noche, Slocum esparció tachuelas de alfombra por la cubierta. Los intrusos subieron descalzos, pisaron las puntas y huyeron. Cerca de las Azores, enfermo y delirante por alimentos en mal estado, creyó ver un piloto fantasma al timón. Cuando se recuperó, el Spray seguía su rumbo. La precisión artesanal con que resolvía cada problema es lo que vuelve singular a Slocum: navegaba con estimaciones, observaciones lunares y una memoria corporal del mar que había empezado a los dieciséis, cuando se enroló como cocinero y grumete para escapar de la granja familiar.

El libro, la fama y la última salida

En 1900 publicó Sailing Alone Around the World, primero como serie en revistas y después como libro. El estilo le conquistó lectores: seco, irónico, sin épica de cartón. Slocum contaba el mundo como un marino viejo que mide cada ola con humor. La fama no lo ancló. En noviembre de 1909, a los 65 años, zarpó una vez más desde Martha’s Vineyard, esta vez rumbo al sur, río de la Plata mediante. El Spray llevaba unas modificaciones para navegar ríos y estuarios, lo que sugiere que pensaba detenerse en costas americanas y no cruzar océanos. Nunca se lo volvió a ver.

Lo que todavía falta y lo que todavía nos debe el municipio de la historia

La pregunta que me persigue es la que también se hacen los investigadores marinos: ¿se perdió frente a las Bahamas, frente a las Antillas, en algún tramo del Caribe o más al sur, cerca de Buenos Aires o de Montevideo, como sugieren algunos testimonios recogidos años después? No hay acta de naufragio, no hay pecio identificado, no hay testigos. El mar no devolvió a Slocum ni devolvió al Spray, y con ellos se fue la prueba material del primer hombre que dio la vuelta al mundo a solas. La historia oficial, la que firman las academias y los clubes náuticos, todavía le debe un cierre. Mientras tanto, queda el libro, la tachuela en la cubierta y un reloj de hojalata sin cristal que, de algún modo, sigue midiendo el tiempo de los que se animan a irse solos.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo