Mate o tereré, termo o jarra: por qué la temperatura del líquido importa menos que el aire que te rodea
Un especialista en bienestar explica cuándo una infusión caliente ayuda a bajar la temperatura corporal y por qué la hidratación sigue siendo la clave en jornadas sofocantes.

Me lo cruzo cada enero, cuando el termómetro se planta arriba de los treinta y pico y la calle del barrio parece un horno: el vecino Raúl, sirviéndose un mate encima de la vereda, convencido de que el agua caliente lo refresca. Le pregunto si es verdad o si es un truco de abuelo, y la respuesta, como suele pasar, depende de algo que ninguno de los dos controlamos: cómo está el aire que tenemos encima de la cabeza.
La pregunta no es nueva ni caprichosa. El profesor John Tregoning, especializado en bienestar, lo explica con una lógica que cualquiera puede entender: tomar algo caliente le suma calor al cuerpo, pero al mismo tiempo le dispara la transpiración. Si esa transpiración se evapora, el balance termina siendo positivo y la persona siente que se refrescó. Si no se evapora, queda hecha sopa y el calor acumulado encima se siente peor.
Lo que decide todo es el ambiente, no la taza
Hay dos procesos que se ponen en marcha al mismo tiempo cuando uno ingiere una infusión caliente. Primero, el líquido le transfiere calor al organismo. Segundo, el cuerpo reacciona con un aumento de la sudoración. La parte interesante es qué pasa después con ese sudor: si el aire está seco y se mueve, el agua sobre la piel se transforma en vapor, usa energía térmica del propio cuerpo y se libera calor. Si la habitación está cargada y no hay ventilación, el sudor se queda pegado, empapa la ropa o cae en gotas, y lo único que se pierde es líquido, sin el efecto refrescante.
- Un espacio seco y con corriente de aire, brisa o ventilador facilita que la transpiración se evapore y el calor se vaya.
- En una habitación húmeda y sin ventilación, el calor que suma la infusión puede terminar siendo mayor al que el cuerpo logra liberar.
- La humedad alta del aire dificulta que el agua de la piel se transforme en vapor, que es justo donde está el truco del enfriamiento.
- La sensación inmediata de fresco que da una bebida fría dura poco, pero la caliente puede ayudar a perder calor más rato si el ambiente acompaña.
El propio Tregoning es claro con la recomendación que deja a los lectores: lo central no es la temperatura del vaso ni de la pava, sino sostener la hidratación durante todo el día y mirar a alrededor antes de elegir. En pleno verano porteño, eso significa chequear si la pieza tiene una ventana abierta, si hay un ventilador prendido o si el baño quedó como un sauna después de la última ducha caliente. Si el aire circula, hasta el termo puede ser un aliado. Si no circula, conviene jugársela por el agua fresca y el protector solar, por las dudas.
Sirva esta columna para zanjar la discusión de la oficina, de la peña o del grupo de WhatsApp de la familia. Lo que sigue faltando en la charla cotidiana es asumir que el calor no se combate adentro de la taza sino en el ambiente que uno se arma: abrir una ventana, mover el aire y no confiarse sólo porque la bebida estaba helada. Lo demás, como dice Raúl mientras cebada va, cebada viene, lo vamos arreglando con el cuerpo y con el mate.
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