Miel de membrillo, dulce de la abuela y combustible de corredor: qué aporta y qué le falta
Sirve como fuente rápida de energía en carreras largas, pero usarlo como único alimento durante el esfuerzo puede jugar una mala pasada. Claves para combinarlo con lo que el cuerpo realmente pide a varias horas de trote.

Me crié en un barrio de casas bajas y veredas anchas, donde las abuelas todavía cocinan el dulce de membrillo en ollas enormes y lo guardan en frascos de caféLaPraga. Por eso, cuando me crucé con la idea de llevar membrillo a una carrera de fondo, algo se encendió: ¿de verdad esa pasta, tan nuestra, puede sostener el ritmo de un maratón? La respuesta corta es sí, pero con letra chica, y de esa letra chica quiero hacerme cargo en esta nota.
Energía que sí, nutrientes que no
El dulce de membrillo es, básicamente, fruta y azúcar. Por eso concentra carbohidratos de rápida disponibilidad, el combustible que el músculo pide cuando el esfuerzo se extiende más allá de los sesenta minutos. Ahora bien, del mismo modo que un alfajor no es un plato de comida, una porción de membrillo no reemplaza a un almuerzo. Aporta energía, sí; pero deja afuera líquidos, sales y proteínas, tres patas sin las cuales la mesa se cae.
- Carbohidratos: es lo que más tiene y lo que más rápido entrega. Sirve como fuente de energía durante el ejercicio.
- Agua: no aporta. En tiradas largas, y más con calor, la hidratación va por separado, con agua y, según el caso, con bebidas con electrolitos.
- Sodio: tampoco lo cubre. Se pierde por sudor y debe reponerse cuando la sesión se prolonga o la temperatura aprieta.
- Fibra y grasa: según la receta, puede traer más o menos cantidad, y eso vuelve lenta la digestión si se come mientras se corre.
- Proteína y micronutrientes: insuficientes para una recuperación completa después del esfuerzo.
Por qué no alcanza con cortar un trozo
Un gel deportivo trae, en su sobrecito, una cantidad de carbohidratos perfectamente declarada. Un trozo de membrillo cortado a ojo, no. Y como uno no va a correr con una balanza en la mano, lo razonable es leer la etiqueta del paquete o, si lo preparó Marta, la portera del edificio, calcular la composición a partir de la receta: cuánta azúcar se usó, cuánta fruta, cuánta agua se evaporó. Esa pequeña contabilidad es la diferencia entre comerse un caramelo gigante o llegar a la meta sin que el estómago pase factura.
Esto se vuelve más complejo cuando el dulce se mezcla con otros ingredientes, como la avena y los frutos secos que muchos runners vienen probándose en los entrenamientos. Esa combinación puede andar muy bien como desayuno o como merienda pre-carrera, pero correr con una bola de fibra y grasa en la panza suele terminar mal, sobre todo si el ritmo es alto o el termómetro pasa los veintipocos grados. La tolerancia digestiva se entrena, no se improvisa: hay que probar en los largos del domingo antes de llevarla al evento.
Cuánto se necesita y qué dicen los especialistas
Para actividades de más de una hora, las guías internacionales mencionan una franja de entre 30 y 60 gramos de carbohidratos por hora, con ajustes individuales según la tolerancia intestinal, la exigencia y el clima. La Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva y la Asociación Dietética Británica coinciden en que sumar carbohidratos mejora el rendimiento cuando el ejercicio intenso pasa la hora. Lo importante es entender que esa cantidad se construye con todo lo que se ingiere durante la carrera, no solo con el dulce de membrillo, y que cada cuerpo tiene su propio dibujo.
Después del esfuerzo, la historia tampoco se cierra con un pedazo de membrillo. El músculo pide proteína para reconstruirse, los electrolitos hay que reponerlos y los líquidos, también. La comida de recuperación suele ser más completa que el gajo que llevamos en el bolsillo del pantalón corto.
Lo que sigue faltando
“El municipio, consultado sobre la posibilidad de sumar puestos de hidratación con alimentos tradicionales en las carreras barriales, no respondió hasta el cierre de esta nota.”Respuesta oficial
Mientras tanto, en la escuela del barrio todavía se cocina el dulce de membrillo los días fríos, y algunos vecinos, como Eduardo, que entrena para la maratón de Córdoba, ya empezaron a sumar trozos en sus tiradas largas. Falta, todavía, que las conversaciones sobre alimentación y deporte salgan de los manuales en inglés y se piensen con lo que tenemos a mano, sin perder de vista lo que el cuerpo, en pleno esfuerzo, sigue pidiendo en silencio: agua, sal y un poco más que un buen pan con queso.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Qué se entendía por alimentación saludable hace 50 años y qué hoy

En lo que va del año, se superó el límite de recursos del planeta

La soledad, elegida y en su justa medida, podría ser buena para la salud
