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Ojo vago, pantallas y una mañana clave en el Castro Rendón: por qué este jueves vale la pena madrugar

El hospital neuquino abre sus puertas para controlar la vista de chicos de entre 4 y 14 años sin turno previo. Habla la subjefa del servicio, que advierte que después de los 14 ya es tarde para revertir el problema.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Ojo vago, pantallas y una mañana clave en el Castro Rendón: por qué este jueves vale la pena madrugar

A veces una jornada sanitaria empieza con algo tan simple como una fila que se forma antes de las ocho en la entrada de Santa Fe 350. Eso es lo que va a pasar este jueves en el Hospital Provincial Castro Rendón, donde el servicio de Oftalmología decidió colgar los turnos en un clavo y abrir las puertas de 8 a 14 para que cualquier chico de entre 4 y 14 años pueda sentarse frente al cartel de Snellen y leer letras hasta donde la vista aguante. Es gratis, es por orden de llegada, y alcanza con llevar el DNI. Si la familia tiene estudios previos, mejor: los oftalmólogos los reciben como oro.

La movida tiene nombre técnico: detección temprana de ambliopía, esa condición que en la calle conocemos como ojo vago y que la subjefa del servicio, Natalia Racigh, se encarga de desmenuzar con paciencia. Ambliopía, me dice, es el término clínico para un ojo que no termina de desarrollar la agudeza que debería porque el cerebro, con esa lógica cruel que a veces tiene, decide hacerle el quite y privilegiar al otro. El ojo relegado queda ahí, sin entrenamiento, y si nadie lo pesca a tiempo se acostumbra para siempre a ver poco.

Una ventana que se cierra con la adolescencia

Lo que más me llamó la atención de la charla con Racigh es lo estrecha que es la ventana. Hasta los 13 o 14 años, el sistema visual todavía guarda la plasticidad necesaria como para reeducarse. Pasada esa edad, las conexiones se fijan y el clásico parche sobre el ojo bueno -que obliga al cerebro a espabilar al dormilón- deja de dar resultados permanentes. Por eso la especialista insiste con algo que parece una perogrullada y no lo es: la diferencia entre un problema que se corrige con anteojos y un déficit que queda para toda la vida se juega en estos controles.

“Ambliopía es el término técnico para referirse a un ojo que no funciona como corresponde y que, si se diagnostica en el momento oportuno, tiene tratamiento.”Natalia Racigh, subjefa de Oftalmología del Hospital Castro Rendón

Lo que vienen dejando las jornadas anteriores

El dato que más golpea lo escuché al final: en jornadas anteriores del propio hospital, más de la mitad de los chicos evaluados se fueron a la casa con alguna falla en la agudeza visual. No es un número menor, sobre todo si pensamos que detrás de cada uno hay un aula donde el pibe no ve bien el pizarrón, se pierde una explicación, se cansa, termina con dolor de cabeza y queda clasificado como vago o distraído cuando en realidad lo que tiene es un ojo que no le da.

  • Dónde: Hospital Provincial Castro Rendón, Santa Fe 350, Neuquén capital.
  • Cuándo: este jueves, de 8 a 14 horas, por orden de llegada.
  • A quiénes: chicas y chicos de 4 a 14 años.
  • Qué llevar: DNI del chico y, si tienen, estudios visuales previos.
  • Qué se busca: detectar ambliopía (ojo vago), miopía y otros problemas tratables.
  • Cómo seguir: si se detecta algo, el equipo deriva a consulta ambulatoria para empezar el tratamiento.

Racigh señala además un factor que a esta altura ya nadie puede mirar en menos: las pantallas. El esfuerzo sostenido de enfoque a corta distancia, sobre todo en chicos que arrancan con el celular o la tablet casi antes de caminar, favorece la miopía y alimenta esos dolores de cabeza recurrentes que muchas familias terminan naturalizando como parte de la escolaridad. No lo es.

El calendario que manejan los oftalmólogos infantiles es claro y vale la pena repetirlo: primer control al mes de vida, luego a los seis meses, al año y medio, a los tres y a los cinco. A partir de los cinco, la revisión se hace una vez por año, en paralelo con el chequeo escolar. Lo que ofrece el Castro Rendón este jueves no reemplaza ese esquema, pero es una oportunidad concreta para las familias que por distancia, por turno o por economía vienen postergando la consulta.

Mientras tanto, en el resto del sistema de salud público neuquino, lo que sigue faltando es lo de siempre: campañas sostenidas en las escuelas, controles periódicos articulados con los gabinetes pedagógicos y, sobre todo, que un día como el jueves no tenga que ser una excepción sino la regla. Por ahora, madrugar y llevar a los chicos alcanza.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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