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Parar a tiempo: cinco llaves cotidianas para desarmar el cansancio que no te deja ordenarte

Una coach especializada en gestión del estrés y los aportes de la OIT y la OMS se cruzan en una misma recomendación: el secreto no es trabajar más, sino aprender a detenerse antes de que la rutina te pase por encima. Una guía práctica, con pasos chicos, para recuperar el ritmo cuando todo parece bloquearse.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Hay una imagen que se repite en el barrio cuando alguien llega a casa y no puede ni acomodar la mochila: la de alguien que sigue corriendo aunque ya no recuerda por qué arrancó. Me la contó Beatriz, de Balvanera, mientras esperaba el colectivo en la parada de la calle Bartolomé Mitre: trabaja en una oficina de microcentro, tiene dos hijos en la escuela y, desde hace meses, siente que las horas le ganan por goleada. No es la única. En las últimas semanas, varias conversaciones con lectores y lectoras de este diario se parecen: cuesta arrancar, cuesta parar y, sobre todo, cuesta entender por qué, con tantas tareas resueltas, el cansancio sigue sin dar tregua.

Cinco hábitos que no piden heroism

La coach especializada en gestión del estrés Marta Cereceda propone cinco prácticas para salir del piloto automático sin exigir una reorganización total de la rutina. Son pasos chicos, al alcance de cualquiera, pero que tocan un punto sensible: la relación de cada uno con la exigencia.

  • Mirarse un momento antes de arrancar o al cerrar el día. No para repasar pendientes, sino para preguntarse cómo se está, qué se necesita y qué tareas siguen teniendo sentido. Esa pausa devuelve perspectiva cuando el trabajo se hace por inercia.
  • Alejarse brevemente de la pantalla, respirar o cambiar de espacio antes de retomar. Reducir la cantidad de decisiones inmediatas evita que la planificación se vuelva una presión extra. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) coincide: los descansos deben ajustarse en tiempo y frecuencia a la carga de cada actividad.
  • Preguntarse qué hay detrás del impulso de no parar. Cereceda propone revisar si esa urgencia responde a miedo de no llegar, de perder el control o de decepcionar. La OIT vincula las jornadas extensas y la falta de pausas con el estrés laboral.
  • Reemplazar objetivos vagos por acciones concretas y observables. En lugar de prometerse "desconectar más", definir caminatas dos tardes por semana, reservar una noche sin trabajo o una comida para estar presente. Después, evaluar qué efecto real tuvo: más energía, más calma, más sensación de control.
  • Reconocer que parar no depende solo de la voluntad individual. La OIT recomienda que las organizaciones consulten a sus equipos sobre la distribución del tiempo y la carga. La Organización Mundial de la Salud (OMS) va más allá: la prevención de los problemas de salud mental vinculados al trabajo exige tanto medidas personales como cambios en las condiciones laborales.
“El punto de partida es tan pequeño como detenerse un momento antes de seguir. No hace falta cambiar toda la vida de un día para el otro: alcanza con empezar por la pausa más sencilla.”Lectura propia del planteo de Marta Cereceda

Qué responde el municipio y qué sigue faltando

En el último mes, desde el área de salud laboral de la Ciudad de Buenos Aires se insistió en campañas de "pausas activas" en oficinas públicas y se difundieron folletos con recomendaciones generales para empleados que pasan muchas horas frente a la pantalla. La iniciativa es bienvenida, pero queda corta: no hay, hasta ahora, un protocolo obligatorio que regule la frecuencia real de los descansos ni auditorías sobre la carga horaria efectiva en las dependencias estatales. Mientras tanto, en los talleres mecánicos de Parque Patricios, en los locales de Once y en las guardias de los hospitales porteños, el ritmo no se detiene y la pregunta vuelve a la mesa: quién se hace cargo de las pausas que los manuales recomiendan.

A Beatriz, la vecina de Balvanera, le conté por whatsapp lo de la lista. Me respondió con un audio corto, de esos que se mandan caminando: "Voy a probar lo de no mirar el celular los primeros diez minutos de la mañana. Si me sale eso, capaz que el resto viene solo". No es una solución heroica ni una política pública. Es, apenas, una decisión chica. Pero a veces, cuando el cansancio se volvió paisaje, lo que hace falta no es un mapa nuevo sino aprender, otra vez, a detenerse en la esquina de la propia calle.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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