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Pipa, el balneario del nordeste brasileño que combina once playas, delfines a simple vista y acantilados colorados

A poco más de una hora y media de Natal, la villa que los surfistas descubrieron en los años ochenta conserva escala humana, olas consistentes y una gastronomía que recién despierta a media tarde. Una guía para entender por qué se llama Pipa, qué hacer en cada playa y cuánto cuesta visitarla.

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Ximena RiverosTurismo y montaña · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

En el extremo noreste de Brasil, donde el estado de Río Grande del Norte despliega su costa más turística, se levanta un balneario que todavía se recorre a pie y que apenas supera los diez mil habitantes estables: Pipa, el pueblo que los portugueses bautiaron al ver desde sus carabelas un acantilado con forma de barril, ya que en portugués de Portugal pipa significa exactamente eso, y que durante siglos fue apenas un asentamiento de pescadores hasta que en los años ochenta los surfistas empezaron a propagar el rumor de sus olas y el lugar comenzó a crecer sin perder del todo la escala humana que lo distingue de otros destinos playeros del país.

Once playas con perfil propio

La costa de Pipa se ordena en once playas distintas, cada una con su carácter, y conviene entenderlas por tramos porque no todas se recorren caminando desde el centro. La Praia do Amor es la más fotografiada y debe su nombre a la silueta de corazón que dibuja vista desde lo alto del acantilado, con un oleaje más intenso que en el resto del litoral que la convierte en la preferida de quienes practican surf, y se accede por una escalera tallada en la roca durante la marea alta o caminando por la arena cuando el mar se retira.

La Praia do Centro es la versión más calma del conjunto, con aguas tranquilas, pozas naturales que aparecen con la bajante y una hilera de barcos de pescadores que siguen trabajando a metros de los turistas, mientras que en la propia Baía dos Golfinhos los delfines se acercan a comer cerca de la orilla y se los puede ver sin necesidad de contratar excursión ni guía, algo cada vez más raro en las costas brasileñas. Para quienes se animan a moverse un poco más, cruzar en balsa hacia Tibau do Sul abre otro paisaje con dunas extensas, cajueiros entre médanos y playas de nombres poco conocidos como Malembá, Barreta y Camurupim, en un recorrido en buggy por ese litoral que parte desde los 85 dólares por vehículo para hasta cuatro personas y puede extenderse a versiones de día completo por alrededor de 110 dólares, mientras que el ferry suma unos 2 dólares por persona.

Cuándo ir, cuánto sale y qué tener en cuenta

El acceso desde Buenos Aires es directo hasta Natal y el viaje por tierra desde la capital potiguar hasta Pipa insume alrededor de una hora y media en auto, un trayecto que se puede hacer en transfer contratado, en autobús de línea o en vehículo rentado, según el presupuesto. En materia de alojamiento, los valores van de los 50 dólares la noche en hospedajes más sencillos hasta los 400 dólares en temporada alta en las posadas y pequeños hoteles boutique que dominan la oferta del pueblo, con una franja intermedia de hostels y pousadas que se ubica entre los 80 y los 150 dólares según la cercanía al mar.

La gastronomía local tiene su propio ritmo y conviene entenderlo antes de buscar restaurante al mediodía, ya que la mayoría de los locales abre recién a media tarde reservando la mañana para el mar, de modo que la avenida Baía dos Golfinhos se convierte entonces en mesas al aire libre y música en vivo, con el plato de referencia de la cocina potiguar, como se llama a la del Río Grande del Norte, que es la moqueca, un guiso de pescado con leche de coco, dendê y especias que se sirve en olla de barro y se comparte en el centro de la mesa. Para el viaje, vale llevar protector solar de alta graduación, ropa liviana de secado rápido, un rompevientos para los paseos en buggy por las dunas, y dinero en efectivo porque muchos comercios chicos no aceptan tarjeta; lo que conviene dejar en la valija son los excesos de ropa formal, ya que la estética del pueblo es decididamente playera y descalza.

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Ximena RiverosTurismo y montaña

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