Por qué el cuerpo se cae a pedazos después del gym y qué se puede hacer para levantarse más rápido
La fatiga que aparece tras entrenar no es solo muscular: involucra al sistema nervioso, al metabolismo y a la percepción individual del esfuerzo. Una especialista de la Universidad de Nottingham Trent explicó los mecanismos detrás de ese fenómeno y qué estrategias concretas ayudan a recuperarse más rápido y con menos molestias.

Esa sensación de piernas pesadas y menor energía que aparece una hora después de haber dejado la colchoneta o la pesa tiene una explicación más compleja que el simple cansancio. Según Athalie Redwood-Brown, profesora de análisis del rendimiento deportivo en la Universidad de Nottingham Trent, la fatiga posterior al ejercicio resulta de al menos tres procesos que ocurren en simultáneo: cambios dentro del tejido muscular, alteraciones en el sistema nervioso y variaciones en las reservas de energía disponibles.
Lo que pasa adentro del músculo
Dentro del músculo, el movimiento depende de partículas con carga eléctrica que activan la contracción. El ejercicio altera ese equilibrio iónico, lo que puede reducir la capacidad del tejido para responder con la misma eficacia. De ahí esa percepción tan conocida de que los músculos quedaron vacíos tras una rutina intensa, como si el cuerpo no respondiera a la orden de seguir.
El cerebro también se cansa
A eso se suma la llamada fatiga central. El cerebro y la médula espinal son los encargados de enviar las señales que ordenan la contracción muscular, y ante esfuerzos elevados esa activación puede disminuir de forma transitoria. El problema, en esos casos, no está solo en el músculo sino en la dificultad temporal para reclutarlo con la misma intensidad. Por eso muchas personas sienten que la cabeza les manda a parar antes que las piernas.
El combustible y el agua, en el centro de la escena
El combustible también juega su partido. Los músculos utilizan carbohidratos almacenados como fuente de energía, y después de una sesión prolongada esas reservas bajan. La transpiración, por su parte, genera pérdida de agua y electrolitos como el sodio, que son claves para el funcionamiento normal de músculos y nervios. Si esa pérdida no se repone, el rendimiento empeora y el esfuerzo se percibe como más difícil de lo que realmente fue.
No es lo mismo fatiga que DOMS
Redwood-Brown también distinguió esta fatiga del dolor muscular de aparición tardía, conocido por sus siglas en inglés como DOMS. Ese malestar específico suele aparecer después de movimientos poco habituales o al retomar la actividad tras un período de inactividad, y se asocia en particular con el trabajo excéntrico: cuando el músculo genera fuerza mientras se alarga, como al bajar lentamente una pesa o al bajar escaleras después de mucho tiempo sin hacerlo.
La fatiga, además, no afecta solo a quienes empiezan. Un corredor con experiencia que hace por primera vez una sesión intensa de fuerza puede quedar tan resentido como un principiante. La diferencia es que el organismo, con el entrenamiento sostenido, tiende a adaptarse y a tolerar mejor esos golpes. Pero mientras tanto, el cuerpo cobra cada deuda pendiente.
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