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Por qué la panza se infla después de cenar: lo que se sabe y lo que todavía se discute

Más allá de la cantidad, hay costumbres y alimentos que suelen coincidir con la hinchazón nocturna. Anotar qué se comió y cómo se comió puede ayudar a encontrar patrones, pero los especialistas insisten en no eliminar ingredientes por las dudas.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 16 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

El consultorio de la doctora en el barrio de Caballito, donde ejerce desde hace quince años, atiende cada vez más consultas por una misma queja: la panza inflada después de cenar. No es un tema menor. Muchas personas llegan convencidas de que el problema está en lo que comieron, cuando en realidad la respuesta suele estar en cómo se comió. A lo largo de los últimos meses, distintos organismos de salud internacionales se ocuparon de ordenar la información y recordar algo que los médicos de cabecera repiten hace rato: antes de sacar alimentos de la dieta, conviene observar.

Primero, una distinción que suele perderse

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, el NIDDK, separa dos cosas que en la conversación cotidiana se mezclan. Una es la hinchazón, que define como la sensación de tener el abdomen lleno o más grande de lo habitual. Otra es la distensión, que implica un aumento visible del tamaño del abdomen. Las dos pueden aparecer juntas y suelen venir acompañadas de eructos o flatulencias. Pero no son sinónimos, y diferenciarlas ayuda a la hora de conversar con el médico.

Ahí aparece un punto clave: una molestia ocasional después de una cena abundante no es, por sí misma, una señal de alarma. La cosa cambia cuando el síntoma persiste, aparece con dolor intenso, se modifica el tránsito intestinal o se suma una pérdida de peso sin causa aparente. En esos casos, la consulta médica deja de ser opcional.

El aire que se traga y el que se fabrica

El NIDDK explica que una parte del gas que molesta viene del aire que se traga al comer o al beber. Comer apurado, hablar mientras se come, usar sorbetes, masticar chicle y tomar gaseosas son algunos de los hábitos que más aire hacen ingresar. Las preparaciones con mucha grasa, además, coinciden en algunas personas con una mayor sensación de distensión.

La otra parte del gas se produce en el intestino grueso, cuando las bacterias procesan carbohidratos que no se digirieron del todo arriba. Eso puede ocurrir con componentes de legumbres, lácteos, algunas frutas y vegetales, entre otros. La respuesta es individual: que un alimento figure en esa lista no significa que deba eliminarse de la mesa. Marta, una vecina de Parque Chas que hace tres meses empezó a registrar lo que cenaba, lo resume con una frase que repite cada vez que la cruzo en el kiosco: 'descubrí que la culpa no era la lenteja, era el vaso de soda que me servía al lado'.

La fibra, paso a paso

  • La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, la FDA, diferencia dos tipos principales de fibra.
  • La soluble se disuelve en agua y es descompuesta por bacterias del intestino, lo que puede generar más gas.
  • La insoluble recorre buena parte del aparato digestivo sin descomponerse y, por lo general, produce menos molestias de ese tipo.
  • Incorporar mucha fibra de golpe suele coincidir con gases y cambios intestinales; el aumento progresivo es la recomendación más repetida.
  • Por eso, no todos los alimentos ricos en fibra generan la misma respuesta en todas las personas.

Ese último punto es el que los nutriciones suelen remarcar cuando algún paciente llega con una lista de alimentos prohibidos. La fibra es aliada de la digestión y del tránsito intestinal, y restringirla sin criterio puede hacer más ruido que beneficio. Otra vez la clave vuelve a estar en el registro: anotar qué se comió, en qué orden, a qué velocidad, y con qué líquidos acompaña.

Lo que sigue faltando en la conversación

El municipio, cuando le tocó responder por campañas de alimentación saludable en los centros de salud del distrito, propuso folletos con listas de 'alimentos que inflaman'. La respuesta fue criticiseda por varios profesionales, que recordaron que la evidencia disponible no avala cortes preventivos sin evaluación previa. Lo que todavía falta, y esta columna lo viene señalando hace rato, es una campaña que enseñe a registrar en lugar de restringir: una guía simple para anotar qué se cenó, cómo se cenó y qué apareció después. Es una herramienta barata, al alcance de cualquier persona, y que los médicos agradecen cuando el paciente llega a la consulta con la libreta abierta. La hinchazón después de cenar, en la enorme mayoría de los casos, no se resuelve eliminando ingredientes: se resuelve mirando con un poco más de cuidado la mesa, el vaso y el ritmo con el que se come.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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