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Rastrear al puma en la nieve santacruceña: una experiencia de tres días desde Perito Moreno

La ciudad cordillerana se consolida como base de salidas de safari fotográfico por la estepa. El invierno vuelve la búsqueda más legible, aunque el avistaje sigue siendo una materia reservada al azar, al ojo del guía y a la paciencia del visitante.

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Ximena RiverosTurismo y montaña · 4 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Sobre el cruce de la ruta nacional 40 y la ruta provincial 43, en el departamento Lago Buenos Aires de Santa Cruz, la localidad de Perito Moreno se ofrece como puerta de entrada a uno de los atractivos de fauna más singulares del sur argentino: el safari de pumas por la estepa patagónica. En esta temporada la estepa se presenta cubierta por un manto blanco que en ciertos sectores supera el metro de profundidad, con temperaturas que se desploman varios grados bajo cero durante la madrugada y un asfalto que, en las primeras horas, aparece endurecido por una capa de hielo difícil de sortear sin precaución. El parte meteorológico, ajustado a la última semana de julio, anticipa nevadas intermitentes y mínimas que rondan los doce grados bajo cero en las zonas más expuestas al viento.

Una salida que arranca antes del amanecer

Las excursiones tienen una duración de tres días y se organizan a partir de Perito Moreno, con traslado hacia campos privados y hacia sectores lindantes con el Parque Patagonia Argentina. El primer tramo del día comienza en la oscuridad previa al amanecer, cuando el grupo se reúne con el equipamiento listo y el guía repasa el plan de búsqueda; el segundo tramo corresponde al desplazamiento en vehículo por caminos rurales hasta el punto de ingreso a la estepa; y el tercer tramo, el más extendido, consiste en la caminata de reconocimiento por quebradas, cañadones y lomadas suaves, con paradas prolongadas para observar con binoculares desde posiciones elevadas.

Las cuatro señales que leen los guías en la nieve

El trabajo de campo se apoya en un puñado de indicios que el guía interpreta con experiencia. La primera señal es la agitación de los guanacos y los choiques, que se desplazan, vocalizan o se agrupan de manera inusual cuando perciben la presencia del felino. La segunda son las propias huellas en la nieve, que en el caso del puma se distinguen por una almohadilla de forma pentagonal, sin marcas de uñas, ya que el animal las retrae al caminar, y por una diferencia de tamaño entre la pata delantera, más grande, y la trasera. La tercera señal es la convergencia de caranchos o cóndores que bajan hacia un punto del terreno, atraídos por una posible carroña. La cuarta son los restos de presas, sobre todo guanacos y liebres, parcialmente cubiertos con tierra o vegetación, un comportamiento típico del puma para esconder la comida y volver a ella más tarde.

El animal en el centro de la búsqueda

El puma adulto macho pesa entre 55 y 80 kilogramos, mientras que la hembra se ubica entre 30 y 60. A diferencia de otros grandes felinos, no ruge: se comunica mediante ronroneos, gruñidos y silbidos, y puede saltar hasta cinco metros en vertical y más de diez en horizontal. Su actividad es principalmente crepuscular y nocturna, su comportamiento solitario y territorial, y en la Patagonia su dieta se compone básicamente de guanacos, choiques y liebres. Desempeña, además, el papel de depredador tope, una función que contribuye a regular las poblaciones de herbívoros y a mantener el equilibrio del ecosistema de estepa y meseta.

Lo que aparece en el camino

Aunque el objetivo declarado es el puma, el recorrido abre la puerta a un abanico amplio de fauna. En tierra se cruzan guanacos, zorros colorado y gris, piche patagónico y zorrino, mientras que en el aire sobrevuelan cóndores andinos, choiques y, en algunos humedales, flamencos. El área relevada por los guías acumula más de 120 especies de aves registradas, un dato que convierte a cada jornada en una sucesión de avistajes accesorios aun cuando el felino se mantenga distante. Esa variedad forma parte del valor de la experiencia y compensa, en parte, la ausencia del encuentro principal.

Qué llevar y qué dejar en el hotel

Para una salida de invierno en la estepa conviene priorizar ropa térmica en capas, pantalón de nieve, guantes internos y externos, gorro, cuello polar, antiparras y lentes de sol, porque el reflejo sobre la superficie blanca puede ser tan agresivo como el frío. El calzado indicado es una bota alta impermeable, apta para caminar entre nieve hasta las rodillas, y se suman bastones, mochilas chicas para el día y binoculares. No se recomienda llevar valijas rígidas, ropa de algodón, alimentos que se congelen con facilidad ni dispositivos que pierdan rendimiento con temperaturas extremas, porque el terreno exige movilidad y el peso extra se paga en cada tramo. También se sugiere prescindir de perfumes fuertes y de ropa de colores estridentes, ya que el puma detecta olores y movimientos a gran distancia y cualquier detalle puede alejarlo.

Perito Moreno, en suma, ofrece una experiencia exigente y a la vez silenciosa, donde la recompensa no depende solo de ver al felino, sino de aprender a leer una estepa que se transforma con la nieve y de comprender el papel de un predador que sostiene, desde las sombras, el orden del paisaje patagónico. Para quien decida sumarse, la clave está en aceptar que el avistaje no está garantizado y que, aun así, la búsqueda deja su propia marca.

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Ximena RiverosTurismo y montaña

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