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Salarios le ganan a la inflación desde mayo, pero la plata se refugia en dólares y el consumo sigue esperando su turno

En agosto, los precios subieron 1,7% y los ingresos acumulan cinco meses de recuperación. Sin embargo, las familias canalizan el margen extra hacia el atesoramiento de divisas y el gasto no reacciona, en un cuadro donde el crédito se retrae y los bancos mantienen la cautela por la morosidad previa.

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Martín SáezVitivinicultura y economía · 14 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Por quinto mes consecutivo, los salarios formales argentinos vienen creciendo en términos reales, esto es, descontando el efecto de la inflación. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación de agosto fue de 1,7% mensual, la cifra más baja en un prolongado período de desinflación gradual. La combinación, en principio virtuosa, no se traduce todavía en una reactivación del consumo masivo, un fenómeno que los analistas atribuyen al comportamiento financiero de los hogares.

El dinero se va directo al colchón en dólares

El economista Fernando Marull, director de la consultora FMyA, describió la situación con una frase que circuló por las mesas de análisis: "Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo." La advertencia señala que el ingreso disponible adicional está siendo derivado, en buena medida, hacia la compra de moneda extranjera por parte de las familias.

De acuerdo con los datos oficiales, en julio el público adquirió cerca de 3.000 millones de dólares para tenencia, lo que representa un incremento de aproximadamente 50% respecto del promedio observado en los meses previos. Un tercio de esos fondos permaneció en las cuentas bancarias en dólares, otro tercio egresó del sistema financiero, mientras que el resto se aplicó al pago de los resúmenes de tarjetas de crédito en moneda extranjera, un mecanismo habitual de dolarización de deudas cotidianas.

El razonamiento económico de fondo es directo: cada peso que se transforma en billete verde es un peso que deja de circular por el circuito del comercio y de los servicios. El ahorro preventivo en dólares opera, en los hechos, como un freno contemporáneo sobre la demanda agregada interna.

Los bancos se quedan quietos y el crédito no aparece

A esa dinámica se suma un sistema financiero que se mantiene particularmente prudente. Las entidades bancarias cargan todavía con niveles elevados de morosidad heredados de los meses de mayor tensión cambiaria e inflacionaria, y respondieron con políticas de aprobación más estrictas. En consecuencia, el financiamiento para el consumo continuó cayendo, pese a que en el plano monetario se aguarda una baja gradual de las tasas de interés en los próximos meses.

“Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo.”Fernando Marull, economista y director de FMyA

Dos velocidades bien marcadas en la economía real

  • Sectores exportadores (energía, agro y minería) muestran un crecimiento sostenido y se posicionan como los principales impulsores del año.
  • Industria y construcción acumulan caídas: en julio, ambos sectores retrocedieron 5%, según los datos del INDEC.
  • El empleo registrado en sectores formales continúa estable, sin señales claras de creación neta de puestos.
  • El comercio minorista, gran empleador del país, opera con niveles de venta cercanos al estancamiento.
  • Los servicios profesionales y la gastronomía muestran comportamientos dispares, con subas moderadas en algunas regiones y caídas en otras.

El cuadro de conjunto que dejan estos indicadores es el de una economía con dos velocidades claramente diferenciadas. La mejora en los ingresos reales llegó para quedarse, en la medida en que la inflación se mantenga dentro del sendero descendente, pero la reactivación del consumo masivo depende, en gran parte, de que los hogares decidan gastar ese margen adicional en lugar de preservarlo en moneda dura.

Para los próximos meses, los analistas consultados coinciden en que lo más probable es un escenario de precios estables o con incrementos moderados, acompañado de salarios que mantendrán una modesta ganancia en términos reales. El consumo, en cambio, continuará esperando: recién mostrará signos de reacción cuando baje la incertidumbre cambiaria y cuando los bancos retomen el otorgamiento de crédito en condiciones más accesibles. Hasta entonces, la diferencia entre el peso en el bolsillo y la plata en la góndola seguirá explicándose por un comportamiento familiar que prefiere guardar dólares antes que encender el consumo.

MS
Martín SáezVitivinicultura y economía

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