Tarta de pollo: cómo armar un relleno cremoso con lo que ya hay en la heladera y sumar una masa casera con condimentos a gusto
Pecho o pata muslo, salteados con un poco de agua para que no se sequen, se combinan con calabaza y queso, choclo o cebolla, entre otras opciones, y se cubren con una masa de harina, agua y aceite que admite orégano, ajo en polvo o semillas.

Cuando queda pollo cocido en la heladera, preparar una tarta es una de las salidas más rendidoras que ofrece la cocina cotidiana, porque permite resolver una comida nueva sin volver a comprar el ingrediente principal y, al mismo tiempo, aprovechar los vegetales que ya están dando vueltas por la alacena o la verdulera, una lógica que en los hogares argentinos se repite cada vez que sobran pechugas del domingo o presas asadas de un asado entre semana.
El relleno admite indistintamente carne de pechuga o de pata muslo, ya sea hervida, horneada, a la parrilla o salteada con anticipación, de modo que no hace falta resignarse a un solo tipo de cocción previa. Lo que sí pide atención es la humedad: la carne cocida pierde agua y tiende a endurecerse, sobre todo cuando salió del horno o de la parrilla, así que una vez cortada en cubos o desmenuzada conviene saltearla con cebolla y morrón, y si la preparación queda algo seca se le puede sumar unas gotas de agua durante ese paso para que el pollo se mantenga tierno y no apelmace el relleno.
Para definir la mezcla, un buen punto de partida es revisar qué hay disponible en la heladera y en la verdulería, porque la tarta se adapta tanto a una opción cremosa de calabaza asada y queso como a una propuesta con más texturas que lleva granos de choclo amarillo y crema de choclo blanco, y también admite una versión bien sencilla a base de cebolla, ideal para quienes buscan pocos ingredientes. La lista de acompañamientos no se agota ahí, ya que la zanahoria, la espinaca, el zapallito y el morrón, cortados en tiras o en cubos, suman volumen a la preparación y se pueden integrar sin dificultad, mientras que los purés de berenjena, morrón, calabaza o batata funcionan como base para acompañar la carne, y el queso, el huevo o la crema ayudan a unir todos los componentes en un relleno parejo.
La cubierta se resuelve sin complicaciones con una tapa comprada o con una masa hecha en casa a partir de una proporción sencilla de dos tazas de harina por una taza de líquido repartida entre agua y aceite, una combinación que da como resultado una base de textura más arenosa y de fácil estirado. Prepararla en la cocina de uno abre la puerta a sumar condimentos como orégano, ajo en polvo, ají molido o semillas, de manera que tanto la masa como el relleno pueden ajustarse a lo que haya en la alacena, lo que convierte a la tarta en una preparación versátil para terminar el pollo del día anterior sin esfuerzo extra y con resultados a la altura de una comida principal.
- Cortá el pollo sobrante en cubos o desmenuzado y saltealo con cebolla y morrón, agregándole unas gotas de agua si la carne quedó seca por la cocción anterior.
- Elegí la base del relleno según lo que tengas en la heladera: calabaza asada con queso para una versión cremosa, choclo amarillo con crema de choclo blanco para sumar texturas, o cebolla para una opción con pocos ingredientes.
- Sumá volumen con vegetales como zanahoria, espinaca, zapallito o morrón cortados en tiras o cubos, y uní la mezcla con queso, huevo o crema.
- Para la masa casera, mezclá dos tazas de harina con una taza de líquido repartida entre agua y aceite, y condimentala a gusto con orégano, ajo en polvo, ají molido o semillas.
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