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Tres movimientos sin pesas para no perder la independencia después de los 60

Una rutina breve, diseñada para hacerse en casa con una silla y una mesa, busca sostener la fuerza de piernas, brazos y abdomen en los adultos mayores. La propuesta de la entrenadora Denise Austin apunta a mantener las funciones físicas básicas que sostienen la autonomía cotidiana, sin gimnasio ni equipamiento.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 7 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Levantarse de una silla sin apoyarse, mantener el equilibrio al caminar o incorporarse desde el piso son acciones que, con el paso de los años, dejan de ocurrir de forma automática. La pérdida gradual de fuerza muscular, de movilidad y de estabilidad no siempre aparece de golpe: en muchos casos se vuelve visible cuando esas tareas cotidianas empiezan a costar un esfuerzo que antes no existían. Trabajar esos aspectos antes de que deterioren la autonomía es el eje de una propuesta simple, pensada para hacerse en casa, sin inversión ni traslados.

Una rutina de tres movimientos, en cualquier living

La rutina que difunde Denise Austin, entrenadora con décadas de trayectoria en fitness, está pensada para personas mayores que quieren sostener su capacidad de moverse por sí mismas. Consta de tres ejercicios consecutivos que trabajan el cuerpo en conjunto y que solo requieren una silla firme y una superficie elevada, como una mesa, un banco o el respaldo de un sillón. No hacen falta pesas, mancuernas ni bandas elásticas: alcanza con el propio peso del cuerpo y con la constancia.

  • Toques de glúteo frente a una silla: pararse con los pies separados al ancho de las caderas, bajar como si uno fuera a sentarse con la espalda recta y los brazos extendidos al frente para ayudar al equilibrio, tocar apenas el asiento con los glúteos y volver a ponerse de pie. Puede graduarse desde apoyarse por completo hasta apenas rozar el asiento, según el nivel de cada uno. Trabaja piernas y glúteos, la base de la estabilidad corporal.
  • Flexiones elevadas sobre una superficie alta: apoyar las manos separadas al ancho de los hombros sobre una mesa, un banco o el brazo de un sillón, flexionar los codos para acercar el pecho al apoyo y volver a la posición inicial estirando los brazos, con el abdomen activo durante todo el movimiento. Refuerza pecho, hombros y brazos, y mejora la capacidad de empuje para acciones como impulsarse desde una silla.
  • Vacío abdominal con abdominales en V sentado en una silla: recostar el torso unos 45 grados, despegar los pies del suelo con las rodillas flexionadas y apoyar las manos al costado de las caderas. Acercar las rodillas al pecho mientras el torso avanza, y luego estirar las piernas hacia adelante mientras el tronco vuelve a inclinarse. Se recomiendan 20 repeticiones y, al final, sostener la posición durante 20 segundos. Trabaja abdomen y core, claves para la postura y la protección de la espalda.

La lógica detrás de los tres ejercicios es bastante directa: replican, en un entorno seguro, algunos de los gestos que más se repiten en el día a día. Sentarse y pararse, empujar para levantarse de un asiento y mantener el tronco firme al caminar son movimientos que, cuando fallan, marcan el inicio de la dependencia. Entrenarlos de manera periódica, aunque sea unos pocos minutos por jornada, apunta a preservar esa capacidad el mayor tiempo posible.

Lo que todavía falta resolver

Que estas rutinas sean accesibles no significa que estén al alcance de todos por igual. En buena parte de los barrios del conurbano bonaerense y del interior, los adultos mayores que quieren hacer actividad física en casa dependen de instrucciones escritas o de videos de internet, sin supervisión profesional que corrija la postura ni que adapte los movimientos a cada cuerpo. El municipio, por lo general, llega tarde: cuando ofrece talleres de gimnasia para adultos mayores, suelen ser en centros de jubilados con cupos limitados y lejos de los domicilios. La promesa de entrenar en el living es real, pero todavía queda pendiente que el Estado y las obras sociales se sumen con controles médicos, kinesiológicos y nutricionales que acompañen estas prácticas. Mientras eso no llegue, la recomendación es clara: empezar de a poco, no saltearse las señales del cuerpo y consultar con un profesional antes de sumarla a la rutina diaria.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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