Martes, 8 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕

Diario Dos Voces

Tu cara, tu pelo y tu ropa ochentera: cómo pedirle a la inteligencia artificial que te transporte a 1985 sin que te cambie la identidad

Probé el truco y te cuento qué escribirle al modelo para que solo toque el vestuario y el decorado, sin alterar tus rasgos.

AC
Antonella CabriniTecnología y ciencia · 8 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

Lo vi en mi feed y caí. Una amiga subió una foto suya con hombreras, neón rosa y ese grano de peli

Lo primero que probé fue subir una foto propia. Regla número uno: que se te vea la cara, con buena luz y de frente. Si la imagen está borrosa o oscura, el sistema se confunde y te puede cambiar hasta los ojos. Lo aprendí a los tumbos, así que ojo con esto: la calidad de la foto de partida define todo lo que viene después.

El secreto está en lo que le escribís

Acá es donde la cosa se pone fina. El modelo no adivina: necesita que le digas qué tiene que cuidar y qué puede tocar. Si no, te devuelve un primo tuyo con remera de Los Angeles. La instrucción base que mejor me funcionó fue: Transformá esta foto para que parezca de mediados de los 80, mantené mi identidad, mis rasgos, el tono de piel y la estructura de mi cara, y cambiá solo la ropa, el pelo, el maquillaje y el entorno.

  • Decí explícitamente que no quiere que te cambie la cara ni te convierta en otra persona.
  • Sumá detalles de la época: chaqueta vaquera, hombreras, pelo con volumen, sombras intensas.
  • Describí el decorado: pista de patinaje, arcade, pósteres en la pared o fondo con luces de neón.
  • Pedí el look analógico: grano de película, contraste alto, flash directo y colores un toque desaturados.

El entorno pesa tanto como la ropa. Cuanto más concreto seas con la escena, más control tenés sobre el resultado final. La estética ochentera no es solo vestirse como en Miami Vice: es el grano, el flash y esa paleta de rosa, azul y violeta que estaba en todas partes.

Probé tres veces y en las tres me reconoció la cara. La primera me puso una campera de jean que no me pertenecia ni un poco. La segunda ya tenía el pelo a lo Madonna y un póster de Duran Duran atrás. La tercera, con la instrucción completa y el pedido de grano, salió casi lista para una Polaroid.

Mi veredicto, sin vueltas: vale la pena si tenés una foto bien iluminada y te sentás cinco minutos a escribirle al sistema con precisión. No vale la pena si subís cualquier selfie con la cara cortada y esperás magia: ahí sí te convierte en alguien que no sos.

AC
Antonella CabriniTecnología y ciencia

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo