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Diario Dos Voces

Una IA de Stanford aprende a leer células por sus genes y ya distingue sanas de enfermas

TranscriptFormer fue entrenada con datos de 112 millones de células de 12 especies y logra comparar organismos que nunca vio durante el entrenamiento. La herramienta abre nuevas pistas sobre el origen de las neuronas.

AC
Antonella CabriniTecnología y ciencia · 18 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

Acabo de pasar un rato largo leyendo sobre TranscriptFormer, una inteligencia artificial creada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, y la verdad es que el hallazgo me dejó con la boca abierta. Lo que hace esta herramienta es simple de explicar pero poderoso: analiza la actividad de los genes de cada célula para distinguir si está sana o enferma y para comparar células de especies distintas, incluso de organismos que no formaron parte de su entrenamiento.

Lo probé mentalmente y ojo con esto: la clave está en la expresión génica, o sea, qué genes enciende cada célula. Dos células pueden compartir instrucciones genéticas y sin embargo cumplir funciones muy diferentes. La célula beta del páncreas activa genes ligados a la insulina; los linfocitos B, los relacionados con anticuerpos. Esos patrones son la huella digital que la IA aprende a leer.

Cómo aprende y qué encontró

Para entrenarse, TranscriptFormer usó información de 112 millones de células de 12 especies, reunidas en grandes atlas celulares. El método fue parecido al que usan los modelos de lenguaje: predecir datos faltantes, en este caso valores de expresión génica que faltaban. Así construyó un espacio matemático donde todas las células conviven y se pueden medir las distancias entre ellas.

  • Identificó tipos celulares en especies que nunca había visto durante el entrenamiento.
  • Comparó neuronas de un gusano microscópico y de una rana con coanocitos de esponjas, sugiriendo un origen evolutivo común.
  • Reinterpretó las llamadas células neuroides de las esponjas: por su actividad genética se parecen más a una glándula de rana, lo que apunta a un posible rol en la digestión.
  • Distinguió células sanas de enfermas a partir de sus patrones de activación génica.

Como profesional, lo que más me interesa es el potencial. Hoy la herramienta sirve para investigar la biología básica con una precisión que el análisis humano no alcanza por volumen de datos. Más adelante, los autores la imaginan como apoyo para diseñar células funcionales con fines terapéuticos, aunque eso todavía queda en el plano de las aplicaciones futuras. Mi conclusión: si te interesa la frontera entre inteligencia artificial y medicina, esta nota vale la pena. Si solo buscás gadgets, te la podés saltar.

AC
Antonella CabriniTecnología y ciencia

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