Saltar al contenido
Lunes, 12 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕
Diario Dos Voces

Diario Dos Voces

Portada — Vida —

Una salida que terminó con sabor amargo: el cobro extra por la leche deslactosada y lo que dice la ley

Una consumidora de Neuquén pagó 1.500 pesos de más por cada café con leche deslactosada en un local de calle Juan B. Justo. El director provincial de Protección al Consumidor, Pablo Tomasini, aclaró cuándo ese recargo es legal y por qué, en este caso, la manera de informarlo puede ser el verdadero problema.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
Una salida que terminó con sabor amargo: el cobro extra por la leche deslactosada y lo que dice la ley

Abrimos la nota como se abre cualquier café a las nueve de la mañana: con la mesa servida y la cuenta por venir. Pero esta vez, la cuenta trajo una sorpresa que nadie había pedido. En una cafetería ubicada sobre la calle Juan B. Justo al 600, en Neuquén, una consumidora descubrió que cada café con leche deslactosada que había tomado durante su visita llevaba un cargo extra de 1.500 pesos por taza. Cuando preguntó en el local, la respuesta fue directa: ese era el precio adicional por cambiar la leche común por la deslactosada. Así, lo que parecía un desayuno rutinario terminó convertido en un caso que puso a trabajar al organismo de Protección al Consumidor de la provincia.

La escena es cotidiana y, sin embargo, deja a más de uno pensando. ¿Quién no se sentó alguna vez en una mesa de un bar y pidió un café con leche descremada porque cuida el colesterol, o deslactosada porque el cuerpo ya no tolera la lactosa? Son decisiones íntimas, con la salud, que muchas veces ni siquiera se piensan al momento de pedir. El local las ofrece, el cliente las toma, y nadie imagina que después llegará un recargo que, en este caso, triplica con creces el valor original de la bebida. Por eso, cuando la consumidora vio el ticket, la indignación fue inmediata.

Qué dice la ley y por qué la forma de informar es la clave

Para entender dónde está el límite entre un cobro legal y uno que no lo es, hay que escuchar al director provincial de Protección al Consumidor, Pablo Tomasini. El funcionario lo dijo con una claridad que no deja lugar a dudas: para que un local gastronómico cobre un valor diferenciado por una variante del producto —como sucede con la leche deslactosada—, ese adicional tiene que estar expresado de manera explícita y visible en la carta, y debe ser comunicado por el mozo antes de que el cliente confirme su pedido.

“Para que haya un cambio de valores de este tipo tiene que estar claramente informado en la carta. Si te lo van a cobrar, tiene que estar claramente informado, no en el puntito abajo de la hoja de la carta que dice que te van a cobrar adicional.”Pablo Tomasini, director provincial de Protección al Consumidor

La lógica de esa exigencia es tan simple como poderosa: si el consumidor sabe de antemano cuánto va a pagar, puede elegir. Puede aceptar el recargo, puede pedir el café con leche común o puede levantarse e irse a otro lugar. Lo que no puede hacer, si la información llega tarde, es ninguna de esas tres cosas. Enterarse del adicional recién cuando la cuenta ya está sobre la mesa elimina por completo la posibilidad de decidir, y eso es justamente lo que la normativa intenta impedir.

Lo que la ley no obliga y lo que el organismo sí va a controlar

Ahora bien, hay un dato que suele generar confusión y que Tomasini se encargó de aclarar: la ley no prohíbe expresamente que un local cobre más por ofrecer una leche alternativa. De hecho, según el funcionario, en muchos casos ese costo diferencial podría estar absorbido dentro del precio del café. Pero la ley sí exige, con firmeza, que esa diferencia sea transparente. El silencio, la letra chica o el aviso a último momento no son opciones válidas.

  • El recargo debe estar indicado en la carta de manera visible, no en una aclaración al pie.
  • Quien toma el pedido debe informar el adicional antes de que el cliente confirme la orden.
  • No existe obligación legal de ofrecer leches alternativas para personas con intolerancia, alergia oveganismo; cada local decide qué productos incluye.
  • Si el local decide ofrecer esas variantes, queda obligado a informar correctamente su precio.
  • Si tras la advertencia del organismo el comercio insiste con la práctica, puede avanzar una sanción.

Sobre el caso puntual de la cafetería de Juan B. Justo, Tomasini fue categórico: no había denuncia formal presentada al momento de la entrevista, pero adelantó que el organismo iba a acercarse al local esa misma semana para explicarle al responsable cómo debe informarse un cargo de este tipo. No se trata de castigar por conocer, sino de enseñar para que no vuelva a ocurrir. La idea de fondo es que el consumidor no se encuentre con sorpresas que nunca pidió ni firmó.

Mientras tanto, en las mesas de los bares de Neuquén y de cada ciudad del país, la pregunta se repite en voz baja. Marta, una vecina de 52 años que toma café con leche deslactosada desde hace tres, me confesaba ayer por la tarde que ella nunca había prestado atención al ticket. "Siempre pensé que era lo mismo", dijo mientras revolvía su taza con la cuchara. Cuando le conté lo que había pasado en Juan B. Justo, levantó la vista y me preguntó, con una mezcla de bronca y resignación: "¿Y a mí también me pueden cobrar de más sin avisarme?". La respuesta, hoy, es que sí. Y por eso este caso, que parece una anécdota de ticket suelto, terminó en la mesa de Protección al Consumidor.

Falta, todavía, que el organismo concrete la visita al local y verifique si la información en la carta se ajusta a lo que la ley exige. Falta que la consumidora que originó el episodio decida si presenta la denuncia formal que hasta ahora no radicó. Y falta, sobre todo, que los demás locales gastronómicos de la ciudad y de la provincia revisen sus cartas y sus prácticas antes de que otro vecino termine pagando de más por algo que nunca le dijeron que costaba más. Porque si algo dejó claro esta historia es que, en materia de consumo, lo que no se informa termina cobrando —y muy caro—.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo