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Agua, sales y bebidas deportivas: por qué no todo sirve para cualquier momento del cuerpo

La hidratación cotidiana se cubre con agua y una alimentación variada. En cambio, la diarrea pide sales de rehidratación oral con la fórmula que recomienda la OMS, y el ejercicio prolongado puede justificar bebidas con electrolitos. Una guía para entender qué tomar, cuándo y por qué.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 24 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

El agua potable que sale de la canilla en la mayoría de los barrios de Buenos Aires, sumada a una alimentación variada, alcanza de sobra para cubrir la hidratación del día a día. Eso no siempre es así cuando el cuerpo pierde líquidos por una diarrea o cuando se hace ejercicio intenso y prolongado, porque en esos casos las necesidades cambian y se vuelve indispensable reponer sales y minerales específicos.

La confusión más frecuente que aparece en el consultorio y en la farmacia es pensar que cualquier bebida isotónica sirve para todo. Y no es así. Ante un cuadro diarreico, sobre todo en chicos y en personas mayores, lo que realmente hace falta son las sales de rehidratación oral que desde hace décadas recomiendan la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef, con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para frenar la deshidratación.

Por qué la glucosa cambia todo en una diarrea

La clave está en una combinación química que parece simple pero es decisiva: la glucosa ayuda al intestino a absorber sodio y agua al mismo tiempo. Por eso las sales de rehidratación oral incluyen, además del azúcar, cloruro, potasio y citrato en una fórmula precisa. Una bebida deportiva, por más que contenga electrolitos, no reemplaza esa composición ni está pensada para un cuadro de vómitos y deposiciones líquidas.

La médica clínica Daniela Romero, que atiende en un centro de salud de Parque Patricios, lo resume con una frase que repite a cada paciente: "Si hay confusión, desmayos, vómitos que no paran, si el chico no puede tomar líquidos o si la deshidratación ya es severa, no hay bebida de la góndola del súper que reemplace la consulta médica". Elegir por cuenta propia un producto equivocado puede demorar un tratamiento que, en los extremos, salva vidas.

Los minerales que ya están en la mesa

En la vida cotidiana, la mayoría de las personas cubre sus necesidades de potasio, calcio y magnesio sin darse cuenta. Las frutas, las verduras y las legumbres aportan potasio; los lácteos, las semillas, los frutos secos y algunos vegetales suman calcio y magnesio. El sodio y el cloruro, en tanto, llegan a través de la sal y de los alimentos ya preparados, incluso más de lo que uno imagina.

  • Potasio: bananas, naranjas, papas, legumbres.
  • Calcio y magnesio: leche, yogur, semillas de sésamo, almendras, espinaca.
  • Sodio y cloruro: pan, queso, fiambres, sopas y conservas.
  • Glucosa y energía: cereales, arroz, pastas, frutas.
  • Hidratación base: agua potable, infusiones, frutas con alto contenido de agua.

Estos minerales, conocidos como electrolitos, regulan cómo se reparte el agua en el cuerpo y permiten que nervios y músculos funcionen bien. Mientras no haya pérdidas importantes de líquidos, no hay pruebas de que sumar suplementos de rutina aporte un beneficio extra. La sed, el agua y las comidas regulares suelen alcanzar.

El deporte cambia la ecuación

Cuando se trata de actividad física, la cuenta varía según el esfuerzo. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte sostiene que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ser útiles durante ejercicios largos e intensos. Pero para rutinas de menos de una hora, la evidencia de que mejoren el rendimiento frente al agua es bastante escasa.

Cuando el entrenamiento supera los sesenta minutos, sobre todo con calor o humedad, las necesidades de reposición suben. No existe, sin embargo, una cantidad igual para todos: la sudoración y la pérdida de sales cambian de persona a persona, e incluso cambian en la misma persona según el día. El profesor de educación física Marcelo Ledesma, que entrena a chicas de hockey en el club de su barrio, lo nota en la práctica: "A veces una jugadora vuelve blanca y mareada después de un partido de verano, y otra termina fresca con la misma camiseta. No se les puede dar a las dos la misma botella". Beber de más, por las dudas, tampoco es gratis: puede alterar los niveles de sodio en sangre y provocar desde náuseas hasta cuadros más serios.

Lo que sigue faltando en la conversación pública

En las farmacias de barrio, las sales de rehidratación oral muchas veces quedan en un estante de abajo mientras las bebidas deportivas y los suplementos vitamínicos ocupan los exhibidores principales. Falta, todavía, una conversación más clara en las escuelas, en los centros de salud y en los medios sobre qué tomar en cada momento y por qué. Mientras tanto, vale una regla sencilla: agua y comida variada para el día a día, sales de rehidratación ante una diarrea con pérdidas importantes, y bebidas con electrolitos solo cuando el cuerpo las pide de verdad, después de un esfuerzo prolongado.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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