Djokovic se sacó de encima a Zverev en Beijing y sigue dando pelea como un viejo viñatero con la uva en la mano
El serbio perdió el primer set, se quejó del árbitro, ganó el partido y se metió entre los cuatro mejores del ATP 500 chino. Ahora lo espera Medvedev, que viene de barrer a Cerúndolo.

Acá mando una imagen que me quedó dando vueltas: Novak Djokovic arrancando la vendimia en Beijing, con la uva ácida del primer set, y terminando el día con el mosto dulce en el lagar. El serbio, número 11 del mundo, perdió el parcial inicial frente a Alexander Zverev (4-6), se enojó como pocos con el árbitro, aguantó la bronca, acomodó el juego y se quedó con los dos siguientes por idéntico 6-4 para meterse en semifinales del ATP 500 chino. La vendimia la cosecha él, las pepitas las dejó el alemán.
El incidente que encendió al serbio
En el medio del segundo set pasó lo que nadie esperaba: Zverev le tiró afuera, paró la pelota y fue a quejarse con el juez de silla porque un cartel led le habría molestado la visión. El árbitro le dio la razón y mandó repetir el punto. Nole, que ya venía con la sangre en el ojo, no se la bancó ni un segundo y le soltó al referí una frase que rebotó en todo el estadio: "No tiene sentido". Minutos después, ya con el partido ganado, fue a la conferencia y redobló la apuesta: "Es uno de los cambios más estúpidos que he visto en mi vida". Así, con todas las letras.
Igual, la historia se escribió dentro de la cancha, no en la sala de prensa. Y el serbio lo sabe. Después del triunfo habló de lo que lo sigue empujando a meterse en esta clase de certámenes: "La motivación sigue siendo inmensa cuando te sientes bien y que juegas de igual a igual contra los mejores jugadores del mundo". Un tipo que ya tiene todos los récords y que igual se prende fuego por un pase a semis. Eso, para mí, vale más que cualquier copa.
Lo que viene: Medvedev y el resto del cuadro
En semis lo espera Daniil Medvedev, sexto del ranking, que viene de dejar en el camino al único argentino en carrera: Francisco Cerúndolo, con parciales de 7-6 (7-4) y 6-3. Del otro lado del cuadro aparecen el polaco Hubert Hurkacz (puesto 39) y el australiano Álex de Miñaur (décimo), que se cruzan por el otro boleto a la final. Para Djokovic será una prueba de fuego: el ruso le ha complicado la vida más de una vez y el físico, a esta altura del año, ya no perdona.
Como dato de color: en lo que va de la temporada, el serbio atraviesa un 2024 complicado y él mismo lo admitió. Pero mientras le den una cancha y un rival, va a seguir sacando a relucir el oficio. Si pasa a Medvedev, se le abre la puerta de una nueva final y de un envión anímico enorme pensando en lo que viene.
Puntaje del partido para Djokovic: siete. Por la remontada, por la actitud y por no dejarse comer la lengua con el árbitro. La frutilla del postre fue el cruce con la prensa post partido, donde volvió a mostrar que sigue entero, de lengua filosa y sin anestesia. Y eso, en este deporte, ya es medio título.
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