El fantasma digital que se metió en la Escuela de Enseñanza Media de Lomas: cuando una foto de Instagram se vuelve pesadilla
Adolescentes de un colegio de Lomas de Zamora vivieron vergüenza y miedo después de que compañeros crearan y viralizaran imágenes sexuales falsas con inteligencia artificial. La Justicia investiga a cuatro menores y el caso reabre el debate sobre el daño psicológico de un material que, aunque inventado, hiere de verdad.

Soy Paula Nallim, de Sociedad y vida cotidiana, y quiero contarles algo que me sacudió mientras leía los papeles de la causa. La frase que más me quedó dando vueltas la dijo una de las chicas afectadas, con una lucidez que duele: Aunque sé que es falso, me dio vergüenza. Esa sola línea resume el corazón del asunto que nos toca hoy: estamos ante un daño que no necesita ser real para ser real. Y eso, como sociedad, todavía no terminamos de digerirlo.
El caso se abrió en un colegio secundario del partido de Lomas de Zamora, en el sur del conurbano bonaerense. Según lo que consta en la investigación, cuatro menores están siendo investigados por haber producido y distribuido imágenes sexuales falsas de sus propias compañeras, fabricadas con herramientas de inteligencia artificial a partir de fotos tomadas de perfiles públicos en redes sociales. La causa tramita como producción y distribución de material de abuso sexual infantil (MASI), una figura legal que no distingue entre una imagen genuina y una creada por una máquina: para el Derecho, el daño es el mismo.
Lo que sintieron las chicas y por qué importa
Cuando uno se sienta a escuchar a las víctimas, se da cuenta de que el sufrimiento nada tiene de virtual. Las adolescentes afectadas relataron haber sentido asco, vergüenza y un miedo que va más allá de la pantalla: el terror de no saber hasta dónde llegó esa imagen. Una de ellas contó que tardó varios días en contarles a sus padres, no por vergüenza del hecho en sí, sino porque no quería que la vieran así, aunque supiera que la foto estaba manipulada. Otra, con una frase que me hiela, soltó: Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo.
“Aunque sé que es falso, me dio vergüenza.”una de las adolescentes afectadas (testimonio reservado)
Una escuela que llegó tarde y un municipio que tuvo que salir a responder
Acá es donde la cosa empieza a arderme, porque el paso de los días marca una diferencia enorme en estos casos. Las alumnas afectadas relataron que fueron ellas las que golpearon la puerta del colegio cuando descubrieron lo que estaba pasando. Sintieron que la respuesta institucional fue tardía y, en sus propias palabras, insuficiente. Recién más adelante, las autoridades organizaron jornadas de diálogo con los cursos y resolvieron que los cuatro menores investigados pasaran a la modalidad virtual para evitar el contacto diario. La Justicia, además, ordenó el cese de hostigamiento y pidió medidas para que las partes no se cruzaran en el edificio.
La bronca de las chicas no se quedó adentro del aula. Una protesta organizada por las propias alumnas convocó a compañeros de distintos cursos y a familias frente al establecimiento. Los videos de la manifestación se viralizaron en redes y, casi como un efecto dominó, empezaron a aparecer testimonios de jóvenes de otros colegios de la zona que dijeron haber pasado por situaciones parecidas. Eso transformó un hecho aislado en una señal de alerta colectiva.
Lo que sigue faltando y por qué no podemos mirar para otro lado
Soy clara con esto, porque me lo pregunto como madre, como vecina y como ciudadana: todavía nos falta una conversación adulta, sin vergüenza, sobre lo que hacen y dejan de hacer los pibes con un celular en la mano a las dos de la mañana. Nos falta un protocolo articulado entre las escuelas, el Ministerio de Educación bonaerense y la Justicia para que ningún director tenga que inventar sobre la marcha cómo actuar cuando le golpean la puerta con un caso así. Nos falta que las plataformas de inteligencia artificial que permiten generar este tipo de imágenes asuman su parte de responsabilidad, en lugar de mirar para otro lado. Y nos falta, sobre todo, entender algo que las víctimas de este caso de Lomas Zamora ya saben y que a veces nos cuesta admitir a los grandes: cuando una adolescente tiene que esconderse de una mentira, el daño es cualquier cosa menos mentira.
Mientras tanto, la causa sigue en manos de la Justicia con cuatro menores identificados y tareas de investigación abiertas para determinar hasta dónde se distribuyó el material. Las familias y la comunidad educativa esperan respuestas que no tarden otros tres meses. Y yo me quedo pensando en esa frase de la chica, en la paradoja insoportable de tener que explicar, siendo adolescente, que un daño falso duele como si fuera verdad. Eso, mientras no lo tengamos claro, vamos a seguir corriendo de atrás.
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