Saltar al contenido
Lunes, 12 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Buscar ⌕
Diario Dos Voces

Diario Dos Voces

Portada — Vida —

El Reino Unido protagoniza el primer autotrasplante de tejido testicular en un paciente que perdió fertilidad por la quimioterapia

Un joven de 19 años se reimplantó tejido que él mismo había congelado en 2023, antes de un tratamiento oncológico de alta intensidad. En ocho meses se sabrá si vuelve a producir espermatozoides. La técnica abre una vía para varones que creían que la paternidad biológica ya no era una opción.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana · · 5 min de lectura
El Reino Unido protagoniza el primer autotrasplante de tejido testicular en un paciente que perdió fertilidad por la quimioterapia

Voy a contarles una historia que parece de ciencia ficción pero ya está ocurriendo en un hospital público de Edimburgo, y me parece que vale la pena entenderla hasta el fondo porque toca una de las heridas más calladas que dejan los tratamientos contra el cáncer: la posibilidad de no poder ser padre. En agosto de 2026, un chico de 19 años recibió un trasplante de su propio tejido testicular, un material que los propios médicos le habían sacado y congelado tres años antes, cuando todavía era un pibe de 16 y empezaba un tratamiento que podía dejarlo estéril para siempre. La noticia no es menor: es el primer procedimiento de este tipo en el Reino Unido y uno de los primeros en el mundo, y los resultados se van a medir dentro de ocho meses.

El paciente, cuya identidad se mantiene en reserva, había guardado una muestra de tejido testicular en 2023, antes de recibir un trasplante de médula ósea para tratar un trastorno sanguíneo grave. La quimioterapia de altas dosis necesaria para ese procedimiento podía dañar de forma irreversible su fertilidad. Tres años después, los análisis confirmaron que no producía espermatozoides, y el equipo del NHS Lothian junto con científicos de la Universidad de Edimburgo decidió reimplantar parte del tejido conservado.

Qué se trasplantó y qué se espera que pase

Lo que se reimplantó no es un testículo entero ni un órgano artificial: son trocitos muy pequeños del tejido que fabrican espermatozoides, obtenidos antes de la quimioterapia y guardados en nitrógeno líquido. Dentro de ese tejido hay unas células llamadas células madre espermatogoniales, que a partir de la pubertad son las que dan origen a los espermatozoides. La hipótesis que están probando los médicos es que esas células, una vez descongeladas y devueltas al cuerpo del mismo paciente, puedan “despertarse” y volver a fabricar espermatozoides en su lugar habitual. Si la hipótesis funciona, no solo se reabre la puerta a un hijo biológico sino que además se hace con material genético del propio paciente, sin donantes ni donantes de gametos de terceros.

“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, 19 años, cuya identidad se mantiene en reserva

Cómo van a medir si funciona y qué controles de seguridad están previstos

  • Ocho meses después del trasplante, el equipo retirará y analizará una porción del tejido reimplantado para ver si se reactivó la espermatogénesis, es decir, la producción de espermatozoides.
  • Si aparecen espermatozoides, los especialistas deberán confirmar que son aptos para técnicas de reproducción asistida, como una fecundación in vitro.
  • En pacientes con antecedentes oncológicos, el protocolo exige descartar que el tejido reimplantado contenga células malignas, a través de histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares.
  • Los investigadores también deben demostrar que el procedimiento es seguro y repetible, no solo una excepción aislada en un único paciente.

Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo de la Universidad de Edimburgo y responsable del equipo, fue claro al advertir que la técnica todavía tiene que demostrar que permite obtener espermatozoides y, a partir de ellos, lograr nacimientos de manera segura y repetible. No es un éxito anunciado: es un paso experimental que puede abrir un camino o mostrar una limitación. En la conversación con los medios, Mitchell dejó en claro que todavía falta evidencia para saber si lo que se reimplantó efectivamente “prende” en el testículo y produce espermatozoides funcionales, y que hasta que eso no se demuestre no se puede hablar de fertilidad recuperada.

La pista belga y la cautela de los médicos

Hay un antecedente que los investigadores miran con atención y con prudencia a la vez. Un ensayo previo realizado en Bélgica ofreció la primera señal en humanos: un hombre de 27 años, cuyo tejido había sido congelado cuando tenía 10, produjo espermatozoides maduros después de que se reimplantaran fragmentos 16 años más tarde. Hasta ahora, sin embargo, no se comunicó una fecundación ni un nacimiento a partir de ese material. Es decir, ya se vio que el tejido puede “despertar”, pero todavía no se pudo demostrar que de ese espermatozoide salga un embarazo ni un bebé sano. Esa diferencia importa muchísimo, y es la que los equipos británico y belga quieren atravesar antes de hablar de un tratamiento disponible para cualquiera.

Qué pasa en la Argentina y qué discusión todavía está pendiente

En la Argentina, la Ley 26.862 incorporó al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos. Esa norma garantiza, en el papel, el acceso a técnicas como la congelación de espermatozoides, embriones y tejido reproductivo para pacientes que van a enfrentar tratamientos que puedan afectar su fertilidad, y obliga a las obras sociales y prepagas a cubrir la práctica. Lo que todavía falta, y acá se lo digo con toda la carga emocional del tema, es que esa cobertura llegue de verdad, en tiempo y sin trabas burocráticas, a los hospitales públicos y a los chicos que, como este joven británico, tienen 14, 15 o 16 años cuando les diagnostican una enfermedad grave y deberían poder congelar tejido testicular sin que la familia tenga que peregrinar para lograrlo.

En el Hospital de Niños de Buenos Aires y en los principales centros públicos del país ya se preserva semen de adolescentes varones cuando la quimioterapia o la radioterapia los amenaza con dejar estériles, una práctica más sencilla y mucho más instalada. Lo que todavía se hace muy poco, y que el caso de Edimburgo pone sobre la mesa, es avanzar en la preservación de tejido testicular en preadolescentes que aún no producen espermatozoides, justamente los que más riesgo corren de perder fertilidad después de un trasplante de médula ósea o de tratamientos oncológicos de alta dosis. El municipio, las sociedades pediátricas y los equipos de oncohematología tienen la pelota: si la técnica avanza y muestra resultados, no hay motivos para que un adolescente argentino no pueda acceder a esta chance de ser padre en el futuro. Por ahora, el reloj lo marcan Edimburgo y un pibe de 19 años que, según sus propias palabras, aprendió a aceptar la idea de no ser padre y ahora volvió a creer que quizá sí lo sea. Ocho meses. Falta esa espera y falta la confirmación de que esos espermatozoides, si aparecen, sirven para algo más que para un paper. Mientras tanto, en la Argentina seguimos debiéndole a los chicos una respuesta concreta sobre cómo se va a financiar y garantizar el acceso a estas técnicas cuando la evidencia termine de llegar.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo