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"Enamorarse": cuando De Niro y Streep dejaron las armas y se cruzaron en un vagón del tren

A 42 años de su estreno, vuelve a estar disponible el drama romántico que juntó a dos monstruos de Hollywood en un registro íntimo, lejos de la guerra y la acción.

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Diego BertolottiCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
"Enamorarse": cuando De Niro y Streep dejaron las armas y se cruzaron en un vagón del tren

La librería de Manhattan está decorada para la Navidad, hay paquetes envueltos con papel rojo y un señor apurado se lleva por error la bolsa que no le corresponde. Frank Raftis y Molly Gilmore se cruzan esa tarde sin saberlo, pero ese malentendido chico es la puerta de entrada de una de las películas más queribles y menos vistas de los años ochenta. Cuando el tren pasa otra vez y los dos se vuelven a encontrar, ya no hay forma de hacerse los distraídos.

Estrenada en 1984, Enamorarse reunió por segunda vez en la pantalla a Robert De Niro y Meryl Streep, que ya habían compartido elenco en El francotirador, la película bélica de Michael Cimino. Acá la propuesta era otra: nada de selva ni de armas, sino la incomodidad cotidiana de dos adultos casados que se enamoran en los trayectos del tren suburbano, en oficinas anodinas y en la trastienda de una librería de barrio. La dirección quedó en manos de Ulu Grosbard y el guion en las de Michael Cristofer, que se tomó en serio la pregunta más simple y más difícil: qué hacés cuando lo que sentís no se corresponde con lo que prometiste.

Una historia de rutina rota

La gracia del filme está en eso: lo extraordinario les pasa en escenarios completamente ordinarios. La ciudad funciona como un tercer personaje. La librería, los vagones, los bares neoyorquinos donde la pareja se cruza con amigos dejan ver que el vínculo no nace de un golpe de efecto, sino de pequeñas repeticiones que se van cargando de significado. Cuando el romance finalmente se vuelve explícito, lo que se pone en juego no es la pasión, sino los compromisos asumidos, la lealtad con la pareja de toda la vida y la distancia enorme entre sentir algo y animarse a hacerlo.

Alrededor de Frank y Molly se mueve un elenco de apoyo de lujo que le da espesor al mundo de la pareja: Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon componen la red de matrimonios y obligaciones que envuelve a los protagonistas y deja claro que ninguna decisión es individual. La crítica de la época recibió la película de manera tibia y la taquilla acompañó poco: según los registros de Box Office Mojo, la película recaudó 11.129.057 dólares en Estados Unidos y Canadá, con un debut cercano a los 2,3 millones. Roger Ebert la puntuó con dos estrellas sobre cuatro y cuestionó el guion, aunque reconoció momentos puntuales de la interacción entre De Niro y Streep. Algunos textos de la época la emparentaron con Breve encuentro, el clásico inglés de 1945.

Por qué vale la pena revisitarla hoy

  • Porque es una de las poquísimas veces que se vio a De Niro en registro estrictamente romántico, sin los personajes extremos que le dieron fama.
  • Porque Streep compone a una mujer adulta con deseo propio en una época en la que eso era raro en el cine mainstream.
  • Porque la película habla mejor que otras sobre algo muy actual: cómo se reconfiguran los vínculos largos cuando aparece una atracción inesperada.
  • Porque la ciudad de Nueva York funciona como escenario principal y eso siempre suma.

Recuerdo haber visto Enamorarse en un cine de pueblo, ya entrando la adolescencia, y que la salida fue silenciosa. No era una historia de las que se festejan con pochoclo: se salía pensando, con esa sensación de que alguien te había contado algo verdadero sobre los mayores. Si no la vieron en su momento, esta es una buena semana para dejar que Frank y Molly se crucen otra vez en el vagón del tren. Están avisados: no van a poder hacer otra cosa hasta que la pantalla se apague.

DB
Diego BertolottiCultura y espectáculos

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