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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Diario Dos Voces

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Jim Henson, el titiritero que se tomó en serio la risa de los chicos y de los grandes

A más de tres décadas de su muerte, repasamos la carrera del creador de los Muppets y su filosofía del humor como forma de entender el mundo

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Diego BertolottiCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Jim Henson, el titiritero que se tomó en serio la risa de los chicos y de los grandes

Te cuento cómo arranca la cosa: un pibe de diecisiete años, Jim Henson, se planta delante de una cámara con un títere en la mano y debuta en un programa infantil que sobrevive apenas tres semanas al aire. Parece el típico debut que te hace abandonar la vocación, ¿no? Y sin embargo esa primera salida al aire le terminó sirviendo como banco de pruebas para el siguiente paso, que fue armar junto a Jane Nebel, la mujer con la que después se casaría, el ciclo Sam and Friends, donde se empezaron a dibujar los rasgos de todo lo que vendría después. Cuando uno repasa la historia desde acá, con treinta y pico de años encima, entiende que ese arranque fallido fue apenas la primera escena de una carrera que terminó dándole forma a la infancia de varias generaciones.

Lo que vino después ya lo conocemos: los Muppets, Barrio Sésamo, Fraggle Rock y un montón de productions que mezclaban marionetas con un humor que no era exactamente para chicos y que tampoco era exactamente para grandes, sino para esa franja rara que los dos comparten cuando se bancan mirar televisión juntos. Henson se corrió de las reglas del teatro de títeres clásico, se mandó con formatos propios y construyó un lenguaje que después muchas producciones copiaron sin terminar de entender de dónde venía. Y acá viene lo que a mí más me interesa de su manera de pensar el oficio, porque no se trataba solamente de hacer reír por hacer reír.

Una manera de mirar el mundo con ojos de chico

“La gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro.”Jim Henson

Esa frase, que Henson repitió en varias notas a lo largo de su carrera, ordena toda su filosofía de trabajo. El principio rector era bastante sencillo de explicar y bastante difícil de sostener en el tiempo: nunca dejar morir al niño interior, incluso cuando la industria de la televisión y del entretenimiento te empujan a endurecerte. Y él lo sostuvo hasta el final, en un contexto donde fabricar productos para chicos suele terminar en lugares bastante más calculados y bastante menos curiosos de lo que fueron los suyos.

La lógica del absurdo y de la exageración

  • Sobre los personajes: «Los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos.»
  • Sobre el absurdo: «Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca.»
  • Sobre la risa: para Henson no era un fin en sí mismo, sino una herramienta para poner las cosas en perspectiva.
  • Sobre el método: experimentar con espacios, formas y convenciones del teatro de títeres hasta construir un lenguaje propio.

Lo concreto: Henson murió en mayo de 1990, a los 53 años, a causa de un choque tóxico originado por una infección bacteriana. Tenía la agenda llena y varios proyectos en marcha. Su legado quedó repartido entre franquicias que Disney terminó sumando a su catálogo décadas más tarde y una serie de producciones que todavía se citan como referencia ineludible del género. La pregunta que sobrevuela toda esta historia, y que a mí me parece que vale la pena hacerse mirando la pantalla actual, es si esa combinación de humor absurdo y ternura sigue teniendo lugar en la televisión de hoy o si el formato que él construyó ya no tiene un equivalente directo.

Si te quedó gustito a revisitar algunos de esos títulos, este finde puede ser una buena excusa para sentarse con los más chicos del hogar y volver a poner en la pantalla una de las productions que llevan la firma de Henson. A veces uno se olvida de que esas risas que arrancan de los nenes también tienen un código de origen, y que ese código se lo debemos, en buena medida, a un titiritero que arrancó siendo un desconocido al que le cancelaron el programa a las tres semanas.

DB
Diego BertolottiCultura y espectáculos

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