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Viernes, 9 de octubre de 2026
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Diario Dos Voces

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La chica de la aguja: un crimen real, blanco y negro y la maternidad más cruda en la pantalla

El filme danés de Magnus von Horn que sacudió Cannes vuelve a poner bajo la lupa un caso real de Copenhague en la posguerra, con Trine Dyrholm como una de las claves.

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Diego BertolottiCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
La chica de la aguja: un crimen real, blanco y negro y la maternidad más cruda en la pantalla

Voy a pedir el diario en la puerta del cine, como cuando era pibe y me quedaba leyendo la cartelera de la vereda hasta que me decidía. La chica de la aguja me obligó a quedarme quieto durante dos horas, en silencio, con esa sensación rara que solo dejan las películas que todavía te están trabajando cuando ya prenden las luces. Es una de esas cintas de las que uno sale sin saber bien qué decir, y eso, a mis ojos, casi siempre es buena señal.

La película de Magnus von Horn, estrenada en 2024, toma un caso criminal real sucedido en Copenhague en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y lo convierte en un drama en blanco y negro, áspero, sin concesiones. La ciudad aparece en la pantalla como una zona gris, marcada por las privaciones y por distancias sociales que se sienten en cada plano, y ese clima no es decorativo: condiciona las decisiones de cada personaje y empuja la trama hacia rincones muy oscuros.

Una mujer desesperada y otra que promete una salida

En el centro está Karoline, una joven trabajadora embarazada que no tiene cómo resolver su situación y a quien la vida no le regala ninguna salida fácil. Entonces aparece Dagmar, interpretada por una enorme Trine Dyrholm, que se ofrece como intermediaria: consigue familias dispuestas a recibir a los bebés de madres que no pueden criarlos. Para Karoline, la oferta parece una tabla en medio de la tormenta, y la película deja que uno se confíe con ella, igual que la protagonista, antes de empezar a mostrar las costuras del personaje.

Lo que vuelve a La chica de la aguja un filme incómodo, y a la vez imposible de soltar, es la manera en que la información se va revelando de a poco. La confianza entre Karoline y Dagmar se va resquebrajando, las dudas sobre el destino de los bebés modifican el sentido del encuentro y la puesta en escena hace lo suyo: espacios cerrados, una fotografía que se apoya en el blanco y negro para reforzar la sensación de encierro y una ciudad que nunca aparece idealizada, como si von Horn se hubiera propuesto recordarnos que esa época no fue una postal.

  • Es un drama danés en blanco y negro dirigido por Magnus von Horn y estrenado en 2024.
  • Se basa en un caso criminal real ocurrido en Copenhague en la posguerra de la Primera Guerra Mundial.
  • Trine Dyrholm interpreta a Dagmar, la mujer que ofrece encontrar familias para los bebés de madres en.
  • La maternidad, la pobreza y la falta de opciones son el eje social del relato.
  • El vínculo entre Karoline y Dagmar sostiene buena parte del suspenso y se revela de manera gradual.

Al fondo de todo, la película deja una pregunta que no es menor y que, me parece, explica por qué sigue dando vueltas: ¿qué margen de elección le queda a una persona cuando le faltan los recursos más básicos y no tiene a quién pedirle ayuda? Esa pregunta, que el cine danés suele hacerse con una crudeza que en otros lados cuesta encontrar, es la que vuelve a La chica de la aguja una experiencia que no se agota en el umbral de la sala. Si todavía no la vieron, les diría que se den el gusto: hay funciones para todos los bolsillos y películas como esta no pasan tan seguido. Yo, personalmente, pienso volver.

DB
Diego BertolottiCultura y espectáculos

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