La IA en las escuelas puede agrandar la brecha y dejar a los alumnos pensando todos igual, según un especialista británico
Wayne Holmes, investigador del University College London, cuestiona el entusiasmo con las herramientas de inteligencia artificial en el aula y advierte que su mal uso puede profundizar las desigualdades educativas.

Lo probé en carne propia y te lo cuento de arranque: la inteligencia artificial en las escuelas no es la panacea que muchos venden. Al menos eso sostiene Wayne Holmes, profesor del UCL Knowledge Lab de la University College London, uno de los investigadores que más viene pisando el debate sobre el tema. Para él, la IA en el aula puede aumentar la desigualdad y, de yapa, uniformar el pensamiento de los estudiantes.
Por qué no es lo mismo que una calculadora
Una de las comparaciones más repetidas es la de la IA con la calculadora: si aquella no mató la matemática, esta tampoco va a matar el aprendizaje. Holmes la descarta de cuajo. "Con una calculadora, si apretás los botones correctos en el orden correcto, obtenés la respuesta correcta siempre", dijo. Con la IA generativa eso no pasa: la respuesta puede ser correcta o no, y el usuario muchas veces no tiene cómo saberlo. Ojo con esto, porque cambia todo.
La paradoja de la desigualdad
Holmes ve una trampa en marcha. Las escuelas privadas de mayor nivel no se publicitan por sus computadoras ni por la IA: se publicitan por sus docentes. En cambio, en zonas con escasez de maestros o en contextos vulnerables, la tecnología aparece como reemplazo del profesor, no como apoyo. "Si esa brecha aumenta, debilitamos la democracia para todos", advirtió el investigador, que entiende la educación como la base de la participación ciudadana.
- La IA generativa puede dar respuestas incorrectas y el alumno no siempre nota la diferencia.
- En contextos con pocos docentes, la herramienta tiende a sustituir al maestro en vez de acompañarlo.
- Las respuestas reflejan lo más frecuente en los datos de entrenamiento y dejan afuera los enfoques críticos o minoritarios.
Sobre esto último hay un caso que él mismo cuenta y que me pareció revelador: cuando le preguntó a distintas herramientas sobre los problemas del "aprendizaje personalizado", todas le respondieron que el único inconveniente era lo difícil de implementarlo. Ninguna puso en duda si el enfoque funciona o no. La IA, dice Holmes, tiende a repetir la visión dominante. Si yo fuera directora de una escuela y me lo preguntan, la respuesta de Holmes fue clara: hoy no incorporaría ninguna de estas herramientas.
¿Vale la pena entonces meterse con IA en el aula? Mi lectura, después de todo, es que todavía no como solución mágica: puede ser un recurso más, pero nunca un atajo para reemplazar docentes ni para pensar distinto.
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