La siesta que ayuda a descansar sin quitarle sueño a la noche
Una pausa de entre 20 y 30 minutos, antes de las tres de la tarde, puede mejorar la atención. El horario, la duración y las dificultades previas para dormir son claves para que el descanso diurno no juegue en contra.

Cuando el cansancio aparece en mitad del día, acostarse un rato puede parecer la solución más simple. Y muchas veces lo es. Pero no todas las siestas producen el mismo efecto: para la mayoría de los adultos, los especialistas en medicina del sueño consideran que una pausa de entre 20 y 30 minutos ofrece un margen conveniente.
En ese tiempo predomina el sueño ligero. Eso permite descansar y recuperar la atención sin avanzar tanto hacia las fases profundas, de las que puede resultar más difícil despertarse. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos aconsejan poner una alarma para levantarse entre 15 y 30 minutos después de acostarse.
Por qué una siesta más larga puede dejar más cansancio
Dormir más tiempo durante la tarde aumenta la posibilidad de despertarse en una fase profunda. Entonces puede aparecer la llamada inercia del sueño: una sensación de lentitud, confusión y dificultad para concentrarse. Según la Clínica Mayo, ese estado puede durar hasta 35 minutos después de despertar.
Una siesta de alrededor de 90 minutos puede completar un ciclo de sueño y ser útil en situaciones puntuales, como después de una guardia nocturna o un viaje largo. Sin embargo, no es la alternativa más adecuada para todos los días, porque puede retrasar el momento de conciliar el sueño por la noche.
El horario y el entorno también importan
La Clínica Mayo recomienda evitar la siesta después de las tres de la tarde. Dormir más tarde reduce la necesidad de sueño que se acumula durante el día y puede dificultar el descanso nocturno. Esto merece especial atención si hay insomnio, horarios irregulares o tendencia a acostarse tarde.
Para aprovechar la pausa, conviene buscar un lugar silencioso, con poca luz y una temperatura agradable. No hace falta que haya una cama para intentar descansar. A veces pensamos solo en cuánto vamos a dormir, pero las condiciones en las que hacemos esa pausa también cuentan.
La neuróloga Nancy Foldvary-Schaefer, de la Clínica Cleveland, advierte que las siestas largas o frecuentes pueden perjudicar el sueño de la noche. Si la necesidad de dormir de día persiste, es importante consultar a un médico: puede relacionarse con apnea del sueño, insomnio, efectos de medicamentos u otras causas tratables. También son señales de alerta despertarse cansado pese a haber dormido suficientes horas o sentir sueño al conducir.
Paula Nallim, Sociedad y vida cotidiana.
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