Limoges, la ciudad francesa donde la porcelana y el esmalte se recorren paso a paso
A medio camino entre París y Toulouse, la capital del Lemosín invita a un itinerario que combina colecciones de arte decorativo, talleres abiertos al público y la posibilidad de fabricar una pieza propia. La historia de sus oficios se remonta a más de mil años y se mantiene viva en cada calle del centro.

La propuesta para conocer Limoges articula caminatas por el casco histórico con visitas a museos y a espacios de producción artesanal, una combinación que permite entender por qué la ciudad se volvió synonymous con el esmalte y la porcelana. Ubicada en el centro de Francia, entre París y Toulouse, la capital del Lemosín conserva construcciones de distintas épocas y sostiene una actividad manufacturera que nunca se interrumpió.
Una colección de porcelanas con nombre de mecenas
El Museo Nacional Adrien Dubouché, bautizado en homenaje a un benefactor del siglo XIX que reunió una colección de porcelanas regionales, es una de las paradas centrales del recorrido. Entre las piezas que el visitante encuentra a su paso se destaca el servicio Grain-de-riz, elaborado por la manufactura Pouyat en 1878, junto con creaciones de la casa Haviland, que incorporó el influjo del arte japonés, y testimonios del art nouveau y el art déco que atravesaron la producción local.
Esmaltes medievales y una virgen contemporánea
El Museo de Bellas Artes, instalado en el antiguo palacio episcopal, reúne más de mil doscientas piezas de esmalte que van del siglo XI hasta la actualidad, según explica el guía local Eric Boutaud. La pieza más antigua de la muestra es una medalla azul de unos tres centímetros, labrada hacia el año mil, a la que se suman relicarios medievales y obras renacentistas de Léonard Limosin, uno de los nombres ineludibles del oficio.
A ese acervo se suma, en la catedral Saint-Étienne, una creación contemporánea titulada Notre-Dame de la Pleine Lumière, una virgen negra realizada íntegramente en esmalte por Léa Sham’s y Alain Duban, que dialoga con la tradición sin abandonar el lenguaje actual.
Talleres abiertos y compras a precio de fábrica
La expansión de la porcelana se explica por un hecho concreto: el descubrimiento de caolín en las cercanías hacia 1760, en un entorno donde las canteras y los bosques garantizaban la materia prima y la leña necesaria para alimentar los hornos. Esa herencia se mantiene activa en las manufacturas y los pequeños talleres que hoy se pueden visitar.
Para quienes buscan llevarse un recuerdo, la ciudad ofrece casas de porcelana con venta directa de fábrica y locales de vajilla, además de joyería trabajada con técnicas de esmaltado de origen medieval. Varios espacios brindan además actividades de iniciación, pensadas para que el visitante fabrique su propia pieza y la conserve como trofeo del viaje.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo



Casi 140 mil argentinos cruzaron el paso Cardenal Samoré en los primeros días del 2025
