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Nucha rescata tres recetas de su fundadora y las pone en la mesa del Día de la Madre

A seis meses de la muerte de Regina Vaena, la casa de Belgrano recupera la Torta Ángel, la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco, preparaciones que llevaban años fuera de la carta y que fueron reconstruidas junto a los hijos de quien empezó con un solo molde en el garaje de su casa.

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Ximena RiverosTurismo y montaña · · 3 min de lectura
Nucha rescata tres recetas de su fundadora y las pone en la mesa del Día de la Madre

A seis meses de la muerte de Regina Vaena, la pastelería que ella construyó desde un garaje en Belgrano decidió volver a poner en la vidriera tres preparaciones que llevaban años fuera de la carta y que se habían convertido, con el tiempo, en algo más que productos: en una forma de entender la marca. La Torta Ángel, la mousse de caramelo y la torta de frambuesa con chocolate blanco regresaron a los locales desde el 8 de octubre, en el marco del Día de la Madre, y se presentaron como el primer gran proyecto de la casa después del fallecimiento de su fundadora.

Una reconstrucción con la familia como archivo

El equipo reconoció que la operación fue menos una decisión comercial que una tarea de rescate. Las recetas ya no estaban registradas en la planta y hubo que rastrearlas junto a los hijos de Vaena, que guardaban en la memoria doméstica las proporciones, los tiempos y los secretos de preparaciones que la propia fundadora había dejado de elaborar hacía mucho tiempo. Lorena Monsón, pastelera a cargo del desarrollo, lo explicó en términos muy concretos: "Ni siquiera teníamos las recetas; las tuvimos que buscar con sus hijos. No estaban en la planta porque hacía muchos años que no se hacían".

“Ni siquiera teníamos las recetas; las tuvimos que buscar con sus hijos. No estaban en la planta porque hacía muchos años que no se hacían.”Lorena Monsón, pastelera a cargo del desarrollo

La historia de Nucha arranca en 1979, cuando Regina Vaena todavía no había convertido ese apodo en una marca: Regina Vaena con un solo molde, una cocina hogareña y diez paquetes de muestras repartidos a comercios del barrio de Belgrano. Esa misma noche tuvo que hornear sin parar para responder a los primeros pedidos, y se convirtió en una de las primeras pasteleras en construir una identidad propia dentro de la repostería porteña. La base de sus preparaciones combinaba tradición sefaradí, repostería judía, influencia inglesa y técnica francesa, una herencia que llegaba directamente de su abuela Catalina, que preparaba dulces al sol, y a la que ella sumó una formación en Química que cursó sin llegar a terminar pero que, según Carlos Rava, gerente de la marca, le dejó herramientas que aplicó a sus recetas desde el primer día.

  • Torta Ángel: masa de harina de almendra, dulce de leche, frutillas, crema y merengue. Liviana, sin bizcochuelo, con un relleno clásico de tres ingredientes que, según la pastelera, "le gustan a todo el mundo, nada rebuscado, un sabor cotidiano".
  • Mousse de caramelo: una preparación cremosa que recupera el perfil goloso y delicado de las recetas de la fundadora, trabajada en capas y con la textura aireada que caracteriza a las mousses clásicas de la casa.
  • Torta de frambuesa con chocolate blanco: contraste ácido y dulce, con base de bizcochuelo, frambuesas y cobertura de chocolate blanco, una combinación que la casa tenía guardada en la memoria de la familia.

El primer local fue, literalmente, el garaje de la casa de la calle Zabala, en Belgrano, y el primer sábado de venta al público se agotó todo en una hora. La fila llegó a ocupar la vereda, y la solución que encontraron para hacerla más llevadera fue sacar dos mesitas a la calle y empezar a ofrecer café, una imagen que hoy parece un gesto calculado pero que en aquel momento fue pura improvisación. Con el tiempo también introdujeron el concepto del cuadrado, una porción individual que permitía probar varios sabores sin comprar una torta entera, algo que no era habitual en la repostería porteña de entonces y que se volvió una de las señas de identidad de la marca. La casa fue sumando una fábrica propia, varios locales en la ciudad y franquicias; en 2026 se abrieron seis nuevas franquicias, en un proceso de expansión que, según Monsón, no estuvo exento de tensiones. "Entiendo que no es lo mismo atender dos locales que diecisiete, y que en algún momento uno toma un atajo", reconoció la pastelera, en una frase que funciona como autocrítica y, a la vez, como punto de partida del trabajo que la marca se propone hacia adelante.

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Ximena RiverosTurismo y montaña

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