Treinta kilómetros de pozo y paciencia: la odisea de la Ruta 40 entre Junín de los Andes y Zapala
El corredor neuquino acumula hundimientos profundos, tapados por las últimas lluvias, que ya rompieron cubiertas y suspensions; los viajeros piden respuestas y el Municipio todavía no se hizo cargo del tema.

Cuando uno arranca en Junín de los Andes con el tanque lleno y la ilusión de llegar a Zapala por la Ruta 40, sabe que el viaje es largo. Lo que no siempre sabe —hasta que lo vive— es que durante buena parte del recorrido la calzada se transforma en un campo minado de pozos que parecen cráteres. Son alrededor de treinta kilómetros de hundimientos, varios de ellos anchos y profundos, en los que meter el auto a más de cuarenta por hora es jugarse una cubierta, un tren delantero o, en el mejor de los casos, un susto que después se cuenta en la mesa familiar.
Lo confirmo cada vez que alguien del barrio me comenta el tema: vecinos como Carlos, que varias veces al año baja hacia el norte neuquino por trabajo, ya ni se molesta en levantar la velocidad en ese tramo. "Vas a paso de hombre, mirando el asfalto como si fuera una adivinanza", me dice, medio en serio medio en broma, mientras recuerda el ruido seco de un neumático reventado en uno de los pozos más bravos, cerca de la entrada a Zapala.
Un problema viejo que las lluvias empeoraron
El deterioro de la Ruta 40 en ese sector no es de ahora. Quienes recorren el camino hace años sostienen —y los comentarios de los lectores así lo muestran— que el estado de la calzada viene arrastrándose desde hace rato, sin que las tareas de bacheo alcancen para revertirlo. Las lluvias recientes terminaron de tapar los hundimientos con agua, de modo que hoy es prácticamente imposible calcular la profundidad antes de caer: se entra a ciegas y se sale con el golpe seco de la suspensión trabajando al límite.
“Viajo seguido a Junín y la verdad es que la ruta ya está intransitable en varios sectores. Rompí una cubierta y casi pierdo una llanta. Postergué el próximo viaje por esto mismo.”Viajero habitual del tramo Junín–Zapala
Lo que los viajeros recomiendan —y lo que todavía falta
- Circular de día y a velocidad moderada, para anticipar los pozos.
- Llevar cubierta de repuesto en buen estado y revisar presión antes de salir.
- Tener a mano el número de auxilio mecánico, sobre todo donde la señal de celular es mala.
- Evitar la moto en días de lluvia: un pozo tapado con agua es directamente una trampa.
- Considerar desvíos por la RN 52 o la RN 51 solo después de chequear estado, porque también tienen zonas complicadas.
Mientras tanto, del Municipio todavía no llegó una respuesta concreta sobre un plan de reparación para ese tramo. No hubo anuncio de obras, ni cronograma de bacheo profundo, ni siquiera un parte oficial que reconozca la magnitud del deterioro que cualquiera puede comprobar con sólo poner las ruedas sobre el asfalto. A esta altura, lo que sigue faltando es lo más básico: que alguien se haga cargo. Mientras tanto, el que maneja sigue haciéndolo solo, esquivando pozos como puede, con la prudencia como único escudo y la ilusión de que, para el próximo verano, la Ruta 40 no siga siendo una trampa de treinta kilómetros.
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