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Un palacio del siglo XVIII en Lisboa rescata la memoria del vino portugués y abre sus puertas a los viajeros

En la triple frontera entre Chiado, Bairro Alto y Príncipe Real funciona un hotel de 61 habitaciones construido en 1747, que sortea las pendientes de la ciudad y propone noches de copa, ruinas históricas y fado a pocos pasos de la recepción.

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Ximena RiverosTurismo y montaña · · 3 min de lectura
Un palacio del siglo XVIII en Lisboa rescata la memoria del vino portugués y abre sus puertas a los viajeros

El Palácio Ludovice Wine Experience Hotel se levanta en uno de los cruces más codiciados de Lisboa, donde se dan la mano los barrios de Chiado, Bairro Alto y Príncipe Real, y desde sus ventanas ofrece una de las postales más completas de la capital portuguesa, con la Baixa cuadrada, el castillo de São Jorge y el Miradouro de São Pedro de Alcântara como compañeros de escenario.

El edificio fue encargado en 1747 por João Frederico Ludovice, un orfebre alemán que terminó convertido en arquitecto del rey João V, y logró sobrevivir al terremoto de 1755 que devastó la ciudad, una catástrofe que el Convento do Carmo recuerda todavía con sus ruinas sin techo, apenas a unas cuadras del palacio.

De consulado y bar de Oporto a hotel con bodega

Antes de recibir huéspedes, la propiedad funcionó como residencia aristocrática, consulado y sede del Solar do Vinho do Porto, el bar que el Instituto del Vino de Oporto mantuvo en Lisboa durante años, un dato que explica por qué el vino se metió en la identidad del lugar hasta convertirse en su hilo conductor.

La restauración estuvo a cargo del diseñador Miguel Câncio Martins y demandó más de diez años de trabajos, lo que retrasó la apertura hasta 2022, cuando el palacio reabrió como hotel con 61 habitaciones, restaurante, tienda de vinos y spa, una propuesta que, según detalla la administración del establecimiento, incluye cada tarde en la habitación una copa y algo para comer como parte de la experiencia de alojamiento.

Cómo armar el recorrido a pie por los alrededores

Desde el mirador de São Pedro de Alcântara, que queda justo frente al hotel, conviene arrancar cuesta abajo hasta la Igreja de São Roque, cuya fachada esconde una capilla encargada por el rey João V en Roma y ensamblada en Lisboa por piezas, un prodigio de ingeniería del barroco portugués que sigue asombrando a los visitantes.

Al seguir hacia Chiado aparece el Convento do Carmo, cuyas naves sin techo funcionan como recordatorio permanente del seísmo de 1755, y desde allí la Rua Dom Pedro V conduce al jardín de Príncipe Real, un paseo arbolado con su cedro centenario y cafés de barrio que permite bajar el ritmo antes de volver a subir las pendientes de la ciudad.

  • Miradouro de São Pedro de Alcântara, la vista panorámica que se tiene desde la puerta del hotel.
  • Igreja de São Roque y la capilla que llegó desmontada desde Roma por encargo de João V.
  • Convento do Carmo y sus ruinas del terremoto, una parada casi inevitable a pocos minutos.
  • Jardín de Príncipe Real, con su cedro monumental y cafeterías para hacer una pausa.
  • Calles del Bairro Alto por la noche, donde se concentran bares, tabernas y casas de fado.

Para quienes aceptan una jornada más larga, el palacio-convento de Mafra, otra de las grandes obras de Ludovice, aparece como excursión a unos cuarenta minutos de la ciudad, y desde Buenos Aires las conexiones descriptas pasan por una escala en Brasil o en ciudades europeas como Madrid, París, Frankfurt y Ámsterdam, un detalle útil para calcular tiempos y costos del viaje.

Qué llevar y qué dejar en la habitación

Para moverse por este triángulo de barrios conviene llevar calzado cerrado con suela firme, porque la combinación de adoquines, escaleras y lomas puede castigar a los pies poco preparados, y sumar una mochila liviana con agua, protector solar y un abrigo liviano, ya que la brisa atlántica suele refrescar las tardes incluso en los meses más templados del calendario europeo.

No hace falta cargar con ni con copas plegables, porque el hotel entrega cada tarde una copa y algo para comer como parte de la propuesta de alojamiento, y tampoco conviene llegar con valijas pesadas, dado que varias calles del Bairro Alto tienen escaleras mecánicas antiguas y accesos peatonales donde el equipaje rodado grande se vuelve un obstáculo más que una ayuda.

Firmado por Ximema Riveros, Turismo y montaña.

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Ximena RiverosTurismo y montaña

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