Un robot con IA ya atiende en un hospital japonés: le piden desde orientar pacientes hasta levantar cosas
El D1, un humanoide de la firma Zeals, fue probado en Nagoya para tareas cotidianas. En Japón avanza un plan que apunta a tener diez millones de estos equipos en funciones antes de 2040.

En un hospital de Nagoya, Japón, acaban de probar un robot con inteligencia artificial en tareas bien concretas: orientar a los visitantes y despejar las mesas del comedor. Lo testean a fines de agosto de 2026 para juntar datos y ver si la máquina se banca el día a día.
El robot que se animó a la prueba
- Se llama D1 y lo fabrica la empresa Zeals.
- Es humanoide, mide 129 centímetros y se mueve sobre ruedas en interiores.
- Reconoce rostros con una cámara y tiene dos brazos que levantan hasta cinco kilos cada uno.
- Sale cinco millones de yenes, unos 32.000 dólares.
Yo lo probaría sin dudarlo, porque la idea es simple: meterlo en un lugar real y ver qué sale. Para Masahiro Shimizu, director ejecutivo de Zeals, el ensayo sirve para recolectar datos de entrenamiento y comprobar que la máquina resulte útil en situaciones reales. La empresa apunta a fabricar 100 unidades para marzo de 2027 y juntar 10.000 horas de operación.
Empresas, capacitación y seguros
En Nagano, la firma Kakuichi proyecta sumar un humanoide en abril de 2027, junto con sus nuevos empleados, y sumarlo a manufactura y ventas para que aprenda haciendo. Riu Tanaka, director ejecutivo de la compañía, reconoció que ese desarrollo requiere preparar al personal para sacarle jugo. Ojo con esto: los seguros ya se mueven. Mitsui Sumitomo Insurance se asoció con Zeals para ofrecer pólizas para el D1, y Masaki Oshiro, gerente de una sucursal, mencionó riesgos de daños a personas o bienes y filtraciones de información por ataques informáticos.
En Japón existe un objetivo oficial: llegar a diez millones de robots con IA funcionando antes de 2040. Es una movida para responder a la falta de personal en hospitales y fábricas. Por ahora, lo concreto es este paso: un robot que empieza diciendo dónde queda el consultorio y levantando una bandeja. ¿Vale la pena? Sí, al menos como experimento para entender hasta dónde puede dar el salto un humanoide en la vida cotidiana.
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