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Una caída en el Cerro Bayo que expone lo que casi nunca se cuenta del riding fuera de pista

Un referente del snowscoot y el snowbike se accidentó en nieve profunda y salió ileso, pero el episodio volvió a poner sobre la mesa los protocolos de seguridad que muchos riders saltean en la montaña.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 11 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Lo que pasó en una ladera del Cerro Bayo, en Villa La Angostura, no fue una tragedia sino un llamado de atención. Un deportista especializado en snowscoot y snowbike, Mirko Luqe, perdió el control en un descenso fuera de pista, cayó varios metros por nieve polvo profunda y, por suerte, terminó de pie. Pero el video y la secuencia que circuló entre grupos de montaña dejaron al descubierto algo que los guías de alta montaña repiten hasta el hartazgo: en terreno no balizado, lo primero que hay que hacer cuando alguien cae no es seguir bajando, es verificar que el compañero esté entero.

Quiero detenerme en eso porque me parece lo más importante de todo lo que se viene contando sobre la nieve este invierno. En la montaña, el ego a veces le gana a la prudencia. Se sale a rodar porque el día está perfecto, la nieve está única, y se olvida lo elemental: si alguien se cae fuera de pista, hay que frenar, hay que mirarlo, hay que hablarle. Si no responde, hay que acercarse. En nieve profunda, una persona puede quedar semienterrada y asfixiarse en cuestión de minutos. No es un exageración, es física.

Qué son el snowscoot y el snowbike, las dos disciplinas que crecieron en silencio

Para quien no las conoce, el snowscoot y el snowbike son la mezcla más rara entre una BMX y una tabla de snowboard. La rueda delantera se reemplaza por un esquí corto y la trasera por una tabla tipo snowboard, de modo que el rider maniobra como si estuviera sobre una bicicleta, pero deslizándose sobre nieve. Exigen nivel técnico alto, lectura del terreno y, sobre todo, conocimiento de lo que hay debajo de la superficie. No son juguetes para principiantes ni para salidas improvisadas.

Lo mínimo que no puede faltar antes de salir fuera de pista

  • Salir siempre en grupo de al menos tres personas: si una se accidenta, una queda con el herido y la otra va a buscar ayuda.
  • Llevar detector de víctimas de avalancha (DVA), pala y sonda, incluso en laderas que parecen tranquilas.
  • Informar a alguien en el pueblo el recorrido previsto y la hora estimada de regreso.
  • Nunca descender solo por una cara que no se conoce, por más tentadora que se vea la nieve polvo.

El Cerro Bayo es un lugar que muchos vecinos de Villa La Angostura conocen al dedillo. Tiene pistas balizadas, familias enteras esquiando y escuelas de chicos dando sus primeras clases. Pero a sus costados se abren kilómetros de nieve virgen a los que solo acceden riders y esquiadores con experiencia. Y ahí, justamente ahí, es donde un grupo que se cuida puede hacer la diferencia entre un susto y una desgracia.

Lo que sigue faltando, y esta es la parte que más me preocupa como ciudadana más que como cronista, es cultura de montaña masiva. Mientras el Estado nacional y las provincias sigan sin campañas serias de prevención en centros de esquí, y mientras los propios grupos de amigos no se tomen en serio los protocolos, vamos a seguir dependiendo de la suerte. Y la suerte, en la cordillera, se acaba.

PN
Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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