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Domingo, 11 de octubre de 2026
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Costa Rica afianza su pulso con el viajero argentino y se anota un salto del 6,7% en la temporada

Selva, volcanes y dos océanos sostienen la seducción de un país que recibió cerca de 37.000 visitantes argentinos el último ciclo y que apuesta a la aventura, el bienestar y la sostenibilidad como ejes de su oferta durante todo el año.

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Ximena RiverosTurismo y montaña · · 3 min de lectura
Costa Rica afianza su pulso con el viajero argentino y se anota un salto del 6,7% en la temporada

El territorio costarricense, apenas un poco más extenso que la provincia de Buenos Aires multiplicada por cinco, condensa una biodiversidad que lo vuelve un imán para el turismo de aventura y de naturaleza, y los argentinos forman parte creciente de ese flujo: cerca de 37.000 visitantes llegaron al país en el último año y la temporada en curso muestra un alza cercana al 6,7%, de acuerdo con los registros del Instituto Costarricense de Turismo. La conexión aérea regular desde Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Salta hacia San José —operada por los brasileños de Copa, en una red que también enlaza con Bogotá y Lima a través de los colombianos de Avianca y los chileno-brasileños de Latam— facilita la llegada durante los doce meses y sostiene un calendario de viajes que ya no depende de una ventana única.

Más del 25% de la superficie costarricense está bajo algún régimen de protección, una cifra que ordena la visita en torno a parques nacionales y reservas donde la intervención humana se mantiene acotada. En ese perímetro conviven más de 900 especies de aves y una fauna silvestre a la que se accede sin necesidad de experiencia previa, lo que democratiza el avistaje y lo vuelve accesible para perfiles muy distintos de viajeros.

De los puentes colgantes al rafting: la oferta de aventura se calibra por niveles

La grilla de actividades admite distintos grados de exigencia. En las alturas del bosque, los puentes colgantes atraviesan las copas de los árboles y permiten observar el dosel desde un ángulo que multiplica la sensación de inmersion. En el piso, las caminatas guiadas, el rafting en ríos de montaña, el canopy —ese deslizamiento por cables de acero entre plataformas— y los recorridos de observación de fauna completan un menú que, según los operadores locales, no requiere experiencia previa para sumarse, aunque sí cierto estado físico para las variantes de mayor intensidad. El volcán Arenal, con su cono casi perfecto y su entorno de selva y aguas termales, concentra buena parte de la demanda: las termas funcionan como contrapunto de relax después de jornadas de caminata y se vuelven, en sí mismas, un atractivo propio.

Las costas, repartidas por las costas del Pacífico y del Caribe, agregan otra capa a la experiencia. Las playas presentan aguas cálidas aptas para el surf, el buceo o, simplemente, el descanso bajo palmeras, y permiten alternar días de adrenalina con jornadas de quietud frente al mar.

Bienestar y sostenibilidad, los otros ejes de la propuesta

En paralelo a la oferta de aventura, el turismo de bienestar ganó terreno. Retiros de yoga, circuitos termales, una gastronomía que reivindica productos locales y alojamientos integrados al entorno natural componen una propuesta orientada a la desconexión del ritmo cotidiano, en la que el visitante busca resetearse tanto como conocer un lugar.

“La empresa tiene que hacer efectivo dentro de ese proceso de certificación cómo integrar al cliente dentro del proceso de funcionamiento del establecimiento. ¿Cómo es que el cliente participa en un ahorro del agua, desde preguntarle si quiere que le cambien las toallas todos los días o puede ser día por medio? No solo consumís un producto turístico, es que te estás transformando porque estás participando directamente en un programa de sostenibilidad.”Víctor Hugo Quesada, subgerente del Instituto Costarricense de Turismo

Qué llevar y qué dejar en casa

  • Calzado de trekking con buen agarre para puentes colgantes, caminatas por selva y circuitos de canopy, ya que el barro y las raíces vuelven riesgoso el uso de zapatillas urbanas.
  • Repelente de mosquitos de larga duración y protector solar de alto factor, imprescindibles tanto en las zonas bajas y húmedas del Caribe como en las alturas del interior.
  • Ropa de secado rápido en capas, porque el clima puede variar en pocas horas entre la costa y la montaña, y un impermeable liviano para aguaceros tropicales.
  • Botella recargable y bolsa de tela, ya que los establecimientos certificados promueven el ahorro del recurso hídrico y la reducción de plásticos descartables.
  • Mochila pequeña para el avistaje de fauna, ideal para llevar binoculares, cámara y agua sin generar ruido ni movimiento brusco en los recorridos guiados.
  • Evitar llevar alimentos a las áreas protegidas y no capturar ni alimentar animales, dado que las reservas operan con reglas estrictas de conservación.
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Ximena RiverosTurismo y montaña

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