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Escapadas cortas y seguidas: la fórmula australiana que mejora el ánimo sin pedir licencia en el trabajo

Un estudio de la Universidad de Sunshine Coast con más de 1.200 turistas mostró que las salidas breves y cercanas al hogar, cuando se repiten con asiduidad, también pueden empujar el bienestar psicológico, sobre todo en quienes menos recursos tienen para enfrentar golpes de la vida cotidiana.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · 21 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo confieso: cada vez que un amigo me dice que se va a dar una vuelta por la costa para el fin de semana largo, una parte de mí siente una envidia saludable y otra, ya entrado en años, piensa en la plata, en los trámites, en si vale la pena armar la mochila para tan poco. Por eso me llamó la atención la investigación que llegó desde la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, y que vuelve a poner sobre la mesa una idea tan simple como discutida: para cortar con la rutina no hace falta un viaje largo ni un pasaje internacional. Alcanza, dicen los autores, con escaparse seguido, cerca de casa y por pocos días.

Que el beneficio aparezca entre los más vulnerables

El equipo que dirigió el profesor asociado Rory Mulcahy trabajó con datos de más de 1.200 turistas australianos, relevados en tres oleadas entre 2020 y 2023. No se quedaron solo en la clásica pregunta de si la gente se divierte o descansa: fueron más allá y cruzaron la frecuencia de los viajes recreativos con la felicidad, la satisfacción con la vida y la capacidad de sobrellevar situaciones adversas.

Y aquí viene el hallazgo que más me interesa, y que sospecho que a varios de mis lectores también. Las mejoras no se repartieron parejo. Quienes se percibían como más vulnerables, con menos herramientas para digerir un problema serio, fueron los más beneficiados. En cambio, la diferencia fue menor entre quienes ya contaban con recursos de afrontamiento moderados o altos. En criollo: para el que ya tiene una buena colchoneta emocional, el viaje es un gusto lindo; para el que la tiene más flaquita, parece ser un empujón concreto.

Por qué andar caminos ajenos ayuda a pensar la propia vida

Los autores se apoyan en una teoría de la psicología positiva que vale la pena nombrar: las emociones agradables pueden ampliar el repertorio con el que una persona piensa y actúa, y de ese modo colaborar en la construcción de recursos personales que quedan cuando ya volvió la vida de siempre. Conocer lugares, acercarse a otras costumbres y meterse en actividades placenteras serían, según Mulcahy, oportunidades concretas para que ese proceso se active.

  • Salir seguido, por pocos días y a destinos cercanos, se asoció a mejoras en el bienestar psicológico de los participantes.
  • Los beneficios se midieron también fuera del período de vacaciones, en la satisfacción general con la vida.
  • El grupo más favorecido fue el de turistas con menores recursos personales para enfrentar adversidades.
  • El grupo que ya tenía más herramientas de afrontamiento mostró cambios más modestos.
  • Como aplicación práctica, los autores sugieren ofrecer experiencias con apoyos para principiantes, como visitas guiadas, traslados, senderismo, kayak o escalada de nivel básico.
“Las emociones agradables pueden ampliar las maneras de pensar y actuar, y ayudar a desarrollar recursos personales duraderos. Conocer lugares, acercarse a otras culturas y participar en actividades placenteras ofrece oportunidades concretas para ese proceso.”Rory Mulcahy, profesor asociado de la Universidad de Sunshine Coast

Antes de ilusionarnos de más, hay que decirlo con todas las letras: el estudio tiene los límites que tiene. Todos los encuestados eran turistas australianos y los relevamientos se hicieron durante y después de las restricciones por la pandemia, un escenario que cambió los modos de viajar, los presupuestos familiares y hasta las ganas de moverse. Lo que anduvo en Sídney, Melbourne o Brisbane no necesariamente se repite en Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata o un pueblo de la costa atlántica. Por eso los propios investigadores piden que se replique el trabajo en otros países antes de estirar la conclusión como si fuera una ley universal.

Mientras tanto, lo que me queda dando vueltas como vecina, y no solo como periodista, es la pregunta que el paper deja picando: cuánto pesa la duración de cada escapada y si los efectos cambian cuando el motivo es descansar en una playa cercana, buscar una aventura corta o ir a ver a un familiar que hace dos años que no veo. Son preguntas que no las responde un paper australiano, pero que sirven para repensar algo muy argentino y muy de barrio: la idea de que descansar de verdad exige avión, hotel y una semana entera. A veces, una escapada de viernes a domingo, bien elegida y repetida con algo de frecuencia, puede ser el respiro que el ánimo viene pidiendo.

Lo que sigue faltando, y conviene no perderlo de vista, son dos cosas. Primero, evidencia local que confirme si en la Argentina y en la región pasa algo parecido, sobre todo entre quienes menos recursos tienen para atravesar momentos difíciles. Y segundo, políticas públicas y opciones concretas, dentro y fuera de cada municipio, que faciliten ese tipo de salidas para los que hoy sienten que no tienen con qué. El estudio abre una ventana; el siguiente paso es mirar si acá adentro también hay paisaje para asomarse.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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