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Gatos, inodoros y una amenaza silenciosa: lo que un estudio masivo sobre Giardia cambia para el barrio

Un relevamiento sobre más de 157.000 felinos en Estados Unidos y Canadá volvió a poner en agenda a un parásito que muchos dueños de mascotas subestiman. Qué es la Giardia, por qué los gatitos son los más expuestos y qué responde el municipio ante el riesgo en los hogares.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Gatos, inodoros y una amenaza silenciosa: lo que un estudio masivo sobre Giardia cambia para el barrio

Desde la Escuela Número 14 del barrio de Saavedra, donde hace apenas unos meses un grupo de madres se acercó para preguntar si era seguro dejar que los chicos jugaran en el patio con los gatos de la vecina, una noticia que llegó de golpe del otro lado del continente me sacudió como un balde de agua fría. Un equipo de investigadores publicó en la revista PLOS One el análisis más grande que se haya hecho hasta ahora sobre un parásito que muchos dueños de mascotas todavía subestiman: la Giardia duodenalis, un protozoo intestinal capaz de saltar de los gatos a los humanos.

La cifra de la discordia es la siguiente. Se estudiaron 157.616 muestras de materia fecal de gatos domésticos en 49 estados de Estados Unidos y en cinco provincias canadienses, tomadas entre marzo de 2022 y agosto de 2023 en un laboratorio comercial de referencia. El 6,3 por ciento de los animales dio positivo para Giardia. De ese grupo, casi uno de cada cinco, el 18,5 por ciento, portaba las variantes genéticas conocidas como A y B, que son justamente las que pueden infectar también a las personas.

Los más chicos, los más expuestos

Lo que más me llamó la atención al leer el paper, y lo que creo que tiene que prender una luz amarilla en cualquier hogar con niños, es el dato que cruza edad y prevalencia. Los gatos menores de un año alcanzaron una tasa de infección del 10,7 por ciento, contra apenas el 1,3 por ciento en los adultos. Entre esos cachorros positivos, casi el 20 por ciento llevaba encima las variantes A o B, las peligrosas para nosotros.

Los autores lo explican y uno lo entiende cuando mira a su propio gato chico dar vueltas por la casa: los animales jóvenes conviven más en camadas, comparten cajas de arena, lamen superficies comunes, y todavía no tienen el sistema inmunitario del todo formado. Es el combo perfecto para que un parásito como este se pasee a sus anchas.

  • La Giardia se transmite por quistes que salen con las heces y sobreviven en el ambiente por semanas.
  • Puede pasar al humano por agua contaminada, alimentos crudos mal lavados, manos sucias o superficies donde el gato defecó.
  • La infección puede dar diarrea, dolor de panza, vómitos y baja de peso, pero también ser completamente silenciosa.
  • En los gatos, hay que estar atentos a deposiciones blandas, panza hinchada, cambios de apetito y decaimiento, aunque ninguno de esos signos confirma nada por sí solo.
  • El diagnóstico se hace con análisis de materia fecal o con PCR, que detecta el material genético del parásito.

Cuando convoqué a algunos vecinos para conversar sobre el tema, me llamó la atención lo poco que se sabe puertas adentro. Marta, del barrio de Villa del Parque, me confesó al teléfono que tiene dos gatos rescatados de la calle y que jamás les hizo un coproparasitario. "Si están sanos, comen bien y son cariñosos, para qué los voy a molestar", argumentó. Es una postura que escucho todo el tiempo, y que el estudio pone en jaque.

Y el municipio, ¿dónde está?

Porque este no es un tema que se resuelva solo en la veterinaria. Le pregunté al área de Zoonosis porteña cuál es el protocolo vigente ante un caso sospechoso de giardiasis felina y la respuesta fue, como tantas otras veces, tibia: señalaron que el sistema de salud pública atiende sólo la parte humana del problema y derivan al animal al consultorio privado. No hay, en los hechos, un circuito articulado entre la Dirección de Sanidad Animal y los centros de salud barriales para hacer un seguimiento conjunto cuando aparece un cuadro sospechoso en una familia con chicos o con adultos mayores.

Mientras tanto, lo que sigue faltando es lo de siempre: campañas barriales de concientización sobre hábitos de higiene con las mascotas, análisis coproparasitarios gratuitos para gatos adoptados de la calle y una guía oficial escrita en lenguaje claro que le diga a Marta, y a miles como ella, cuándo llevar al gato al veterinario y cómo limpiar la casa para cortar la cadena del contagio. Hasta que eso exista, este estudio que viene desde el norte seguirá sirviendo, en el mejor de los casos, como un llamado de atención a medias.

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Paula NallimSociedad y vida cotidiana

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